La caleidoscópica obra del literato portugués Fernando Pessoa (1888-1935) es una “red muy bien construida” que atrapa al lector por su audaz concepto de autoría, consideraron especialistas reunidos en un coloquio internacional en Lisboa.
Una obra “inquieta” que no se deja encajar “fácilmente” en categorías y que funciona como un anzuelo para el lector son los rasgos más destacados de los trabajos del poeta luso, dijo el investigador colombiano Jorge Uribe, uno de los organizadores del coloquio “O dia triunfal de Fernando Pessoa”.
El uso de heterónimos, una técnica de la que Pessoa se sirvió para crear autores ficticios que producen registros literarios diferentes, sirvió para generar en torno al escritor “una atmósfera de constante validación de la autoría”.
Lo relevante no es que Pessoa firmase como Bernardo Soares, Álvaro de Campos, Ricardo Reis o Alberto Caeiro, cuatro de sus heterónimos, sino que lo esencial es la relación que teje entre ellos. “Ricardo Reis es más real porque Álvaro de Campos habla mal de él”, expuso Uribe.
La construcción de esta singular relación entre los heterónimos provoca la necesidad de volver a leer otras obras para satisfacer la curiosidad y generar, así, inconformismo en el lector, que no tiene suficiente con un único poema, señaló.
La complejidad y flexibilidad de los trabajos de Pessoa es tal que deja “en manos” del lector el compromiso de encajar la obra en un determinado género, ya sea filosofía, poesía o ensayo.
Una tarea complicada, pues los campos de interés del escritor eran tan vastos que abarcaban desde filósofos clásicos como Platón hasta los asuntos de magia y ocultismo. “El lector se ve obligado a asumir una creencia, la suya propia, no la de Pessoa. Eso es lo que le hace ser muy provocativo”, arguyó el estudioso.
