La onomatopeya y la antiprosopopeya

En los últimos días, la política ha andado con unos culebrones dignos de los Daytime Emmys, mientras yo me sumergía de buche en el mundillo que lo hace salivar: La feria Panamá Gastronómica II en Atlapa, para la que vino el chef estadounidense que salió el miércoles en la portada de la sección Vivir+ de La Prensa.

Tiene un restaurante tai en Portland, llamado Pok-Pok. En tailandés, significa mortero, debido al sonido que hace el mazo contra el interior del bol al moler los ingredientes.

El idioma tailandés tiene otros ejemplos, pero ahora solo me viene a la mente el sobrenombre de mi amiga tai-japonesa Pearl.

La llaman Nok, porque en la lengua de siam es el piar de los pajaritos, y fue bebita llorona. Por otra parte, si bien las voces de los animales y cómo se describen (maullidos, rugidos, etc.) no son onomatopéyicas de conformidad con las reglas del español, saben a qué me refiero: la onomatopeya según el DRAE es la “imitación o recreación del sonido de algo en el vocablo que se forma para significarlo”, o para “referirse a fenómenos visuales como un tic nervioso, o un zig zag”; también es el “vocablo que imita o recrea el sonido de la cosa o la acción nombrada.

Pero de todas formas, en la feria había mucho pio pio, muu muu, oink oink y mahi mahi que comer. Este último no será onomatopéyico (significa “fuerte” en olelo hawaii), pero sí que es sabroso.

El japonés tiene palabras muy onomatopéyicas: por ejemplo, un sake de casquería viene a ser uno que puedes gabu gabu nomu o “tomar como gluglug”, y un vino dulce y empalagoso es beta beta, de bettari o pegajoso.

El famoso fondue japonés a base de agua se llama shabu-shabu, porque según ellos, ese es el nombre que hace el agua a todo hervor. Y el arroz recién hervido les suena como hoka hoka, que pasa a significar algo cocinado al punto perfecto; un atsu atsu es un plato de sopa de fideos bien caliente (atsui); algo cocinado a la temperatura perfecta es hoka hoka por la sensación del vapor de arroz recién cocinado cuando te toca el rostro; y si te quemas la boca de caliente, es hoku hoku que no puedo evitar comparar con hot.

Tampoco freno mi gula por el abecedario: adoro las palabras duplicativas y la palabra “onomatopeya”.

Y ni hablar de “prosopopeya”, que según DRAE es la “figura que consiste en atribuir a las cosas inanimadas o abstractas, acciones y cualidades propias de seres animados, o a los seres irracionales las del hombre”.

Si ese es el caso, entonces ya sabemos lo que ha estado haciendo la grey política: esta última quincena se ha lucido exhibiendo las cualidades propias de seres irracionales.

Como caricaturas inanimadas, que te dejan una mueca punzante, abstracta como los rugidos de dolor de la Guernica.

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