SOCIEDAD

Actuar de mala fe

Un supermercado situado en la ciudad de Natal (RN) en Brasil, anunció un producto con un precio muy por debajo del ofrecido en el mercado. Se trataba de una tele de 55 pulgadas que normalmente cuesta entre R$2,700 y R$3,500 reales, unos 850 dólares, pero el aparato electrónico fue anunciado por R$279 reales, unos 85 dólares aproximadamente. Es obvio que se trataba de un error.

Enseguida, varios consumidores, actuando de mala fe e intentando aplicar la Ley de Gérson, trataron de comprar el Smart TV por el valor de la etiqueta y la confusión fue generalizada.

La Ley de Gérson tiene su origen en una propaganda que Gérson, uno de los mejores mediocampistas de la historia del fútbol brasileño y exjugador de grandes equipos como el Sao Paulo Fútbol Club, hizo para los cigarrillos Vila Rica en el año 1976. En la pieza publicitaria, él habla sobre las ventajas del cigarrillo y pronuncia la siguiente frase:“Es delicioso, suave y no irrita la garganta”. En la secuencia dice: “¿Por qué pagar más caro si el Vila me da todo lo que quiero de un buen cigarrillo?”.

Al final, Gérson da una sonrisita malandra y suelta la última e infeliz frase de la propaganda: “Me gusta tomar ventaja en todo, ¿verdad?”. De esta forma sintetizó de una sola vez el estilo de algunos ciudadanos de hacer que lo malo parezca correcto.

A pesar de que el gerente del supermercado alegó que hubo un error humano y el valor real del producto era de R$2,999.00 reales, nadie le escuchó y exigieron la presencia de un representante de la Oficina de Derechos del Consumidor, que tomó los dolores de los clientes, aun sabiendo que estaban equivocados, recomendando que el establecimiento hiciera la venta por el valor anunciado.

Este caso repercutió en las redes sociales y llegó hasta el exterior, y los internautas se rebelaron con la falta de sensibilidad y la deshonestidad de los brasileños, señalando además que las personas reclaman que son robadas por los políticos, reclaman que sus impuestos son los más grandes del mundo, reclaman que el país no ofrece empleos y oportunidades; en fin, se quejan de todo, y cuando ellos tienen la oportunidad de poner la ciudadanía en práctica, quieren aprovecharse de los demás. La norma jurídica califica como de mala fe también al comprador, por ejemplo, que no agotó las diligencias necesarias para evitar adquirir bienes robados o perdidos. En otras palabras, llega a un estado de mala fe por negligencia cuando tenía el deber de conocer la verdadera situación jurídica de los bienes que pretende comprar. Así como aquel que valiéndose del cargo que ocupa usa y abusa de los bienes públicos, realiza viajes a todos los rincones del mundo que sea invitado, aun siendo eventos irrelevantes y a sabiendas de que ningún beneficio le traerá al país. Una prueba clara de que no todo lo que es legal es ético.

El autor es periodista


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