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EDUCACIóN

Aplicar la sabiduría

Pasan los años y los distintos gobiernos, pero las universidades oficiales siguen siendo objeto de olvido y de poco interés, reciben un presupuesto insuficiente y mal distribuido.

Teóricamente, la educación debería ser gratuita o por lo menos a un costo accesible, sin que esta condición afecte la calidad de la enseñanza.

En tal sentido, pareciera que solo aquellos que pueden pagar altos costos por una educación superior tienen la mayor oportunidad, sin embargo, el Estado no percibe o no quiere darse cuenta de que la mano de obra que se necesita en sus diferentes instituciones del Estado y la empresa privada provienen de las universidades estatales, las llamadas universidades del pueblo.

Igualmente, esta situación se presenta desde hace más de una década en los colegios primarios y secundarios, en la llamada educación media, en la que en la mayoría de los colegios se cobra por todo (pantalón, camisa, falda, medias, sacos). Pasa el tiempo y lo que sí se percibe es el aumento descontrolado de los costos de las matrículas de los estudiantes.

En efecto, en las décadas de los años 80 y 90 se inculcaba que había que estudiar y asistir a la universidad para ser alguien en la vida, frase algo paradójica para estos tiempos. Percibo que vivimos en una época superficial, de tecnología y virtualidad, sin embargo, esas herramientas no son utilizadas de la manera adecuada en nuestras escuelas y colegios.

Nuestros niños de dos a cuatro años antes de ingresar al prekínder o kínder ya saben activar un celular, tomar fotos, enviar audios, ver videos y escuchar canciones, pero inexplicablemente esas mismas habilidades no se utilizan en el salón de clases. ¿Será acaso porque nuestros docentes nacidos en una época totalmente diferente, no han logrado acoplarse a estas nuevas herramientas?, los llamados celulares inteligentes, en los que la información viaja a una velocidad impensable.

Se hace necesario resaltar que la base del ingreso de los estudiantes a las diferentes universidades proviene de los colegios secundarios oficiales. El resultado que se espera es prácticamente conocido y poco alentador, debido al retraso en la educación secundaria que refleja nuestro país, circunstancias que conllevan a que las universidades, por lo menos las estatales, piensen en modificar lo que se viene haciendo. Pero para eso se necesita de verdaderos líderes. Los maestros del liderazgo, por lo general, van un paso adelante, y en ese caminar transforman a sus seguidores, entiéndase por seguidores a estudiantes, decanos, administrativos y profesores, no aduladores y compañeros de fórmulas políticas.

Es por ello que la ecuación no parece tan difícil. Por una parte, están los estudiantes que necesitan recibir una formación académica acorde con las exigencias del mercado laboral, y pagan por ese servicio, educación que debería ser prácticamente gratis. Por el otro lado están los docentes que dictan las clases, labor por la cual deben recibir un salario. Las universidades ofrecen carreras, licenciaturas que ayudarán a los estudiantes a tener la oportunidad de contar con una herramienta para enfrentarse a las exigencias de la vida y sin son buenos hijos ayudar a mejorar la calidad de vida de sus padres.

Por su parte, las universidades deben cumplir con el objetivo principal, que es quedar bien ante aquellos estudiantes que se preocupan por buscar esa oportunidad de estudiar. Asimismo, pagar en el tiempo adecuado y lo justo a los docentes, pero velar porque el docente no solo tenga un postgrado o maestría en docencia superior, sino que este requisito esté acompañado de una maestría en su especialidad y por lo menos con cinco años de experiencia laboral. No se puede enseñar lo que no se practica o se trabaja, eso siempre evaluando su desempeño.

Sin embargo, todas las materias, asignaturas o cátedras deben ser llevadas a concursos transparentes, para que el ganador de ese concurso esté basado en aspectos netamente académicos, situación que motiva a que los docentes sigan formándose.

Es por esta razón que necesitamos líderes, más que rectores, personas capaces de resolver problemas con poco presupuesto, motivadores más que oradores, que logren comprometer el espíritu, cuerpo, corazón y la mente. Que logren realizar alianzas estratégicas de trabajo con las empresas privadas y que supervisen que los programas de estudios de las carreras sean modificados y adecuados al llamado perfil de egreso, perfil que debe tener la orientación y exigencias del empleador.

Guiarse en atención a la creación de metas claras, realistas y encomiables, ese líder realista, competente, debe tener la capacidad de hacer de todo un poco, literalmente . No puede detenerse ni limitarse a ser conocedor o experto en una sola área. También debe saber de finanzas, de presupuesto de inversión, infraestructura y, sobre todo, conocer a los que forman y no forman parte de su equipo.

El autor es docente universitario


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