Para empezar: ¿Qué demonios es un alcorque? Aunque convivimos estrechamente con ellos, el concepto no es muy conocido. Los alcorques son esos huecos cuadrangulares llenos de tierra (o basura y colilas), que rodean la base de los árboles que adornan las aceras. Hace unos días, delante de MediaLab Prado, un grupo de personas se afanaba en torno a ellos. Popih Sandoval, un hombre joven de melena perfectamente cana, relataba, azada en mano y no sin cierto suspense, la operación: “Vamos a rodearlos de unas tablas de madera para que no se llenen de colillas, y luego con estos cactus, vamos a convertirlos en pequeños jardines urbanos”.
Se trataba de una de las Hackity Dinner, reuniones informales que el estudio de diseño social Hackity realiza para que los propios ciudadanos hagan mejoras en el paisaje de la ciudad. No son los únicos. Hay otros colectivos que trabajan desde diferentes puntos de vista en el campo de la intervención urbana participativa.
Son organizaciones como Basurama, Zuloark, Todo por la Praxis, Truthbehind404, PEC, We Diseñamos o Pez Arquitectos. Y funcionan en colaboración con instituciones municipales como Intermediae o Medialab Prado y asociaciones de vecinos. “Se trata de que nos responsabilicemos de la ciudad y la cuidemos entre todos”, dice María Isla, de Hackity. “Nosotros tratamos de hacer proyectos que tengan un impacto positivo en la urbe y la humanicen”.
Mediante su aplicación gratuita Hackity App, cualquier ciudadano, empresa o institución puede proponer soluciones a los problemas que se planteen. Por ejemplo, un usuario se preocupó por los huecos que dejan las baldosas ausentes y en los que el peatón se tropieza. Otro propuso sustituirlas con piezas de Lego, en un hackeo urbano que bautizaron como Lego Tile, una solución sencilla que cualquiera puede replicar.
Otra de las intervenciones, llamado El salón de tu barrio, consiste en crear salas de estar en los barrios, sacando sofás y mesas a la calle, lugares donde los vecinos pueden compartir sus inquietudes y proyectos tomando un café.
Conceptos como participación, comunidad, autogestión, etc., están ahora en el candelero en relación a eso que se ha dado en llamar “nueva política”; sin embargo, muchos de estos colectivos llevan trabajando sobre ellos bastante tiempo. Por ejemplo, Basurama se fundó en 2001 y ya tiene sucursales en Bilbao y Sao Paulo.
Aunque estas ideas parecen propias de los nuevos movimientos municipalistas, lo cierto es que en España la anterior administración (del Partido Popular) ya dio pasos en este sentido –sobre todo, señalan los entrevistados, por la iniciativa personal de varios técnicos municipales–, con la regularización de ciertos huertos urbanos o con proyectos como Paisaje Tetuán o Paisaje Sur (Usera y Villaverde): artistas urbanos decoraron las medianeras de esos barrios y se hacen actividades consensuadas con colectivos y asociaciones de vecinos. Por ejemplo, por estas fechas se lleva a cabo el Cinema Usera, en la calle Primitiva Gañán, un cine de verano gestionado por los vecinos.
En conclusión, podría decirse que estamos ante un cambio de paradigma. “Todas estas iniciativas forman parte de un sentimiento propio de la época en la que estamos viviendo”, resume López-Aranguren, de Basurama. “Estos cambios se darán en todos los lugares, independientemente de quien gobierne en los ayuntamientos, es casi una necesidad universal en reacción al modelo previo”.