Crueldad, dolor, sadismo y maltrato son algunos términos ligados al comportamiento inhumano. No es solo el trato que damos a otros, sino también a la forma en que manejamos nuestros recursos naturales, la flora y la fauna que nos rodea. Somos crueles hasta sin sentirlo cuando tiramos un papel en un río, que luego va acumulándose con otros papeles y desperdicios para causar una gran inundación y desolación. Pero la crueldad no se queda ahí. Hasta las grandes potencias mundiales acosan y maltratan al resto de los países que viven en incertidumbre por las amenazas de guerra y destrucción. Son crueles y abusivos.
Y no dejemos por fuera cómo la crueldad se ha instalado en las redes sociales, en el tan odiado online bullying o acoso cibernético. Hay miles de personas que padecen este abuso a diario. El uso de palabras hirientes, las burlas a la forma de hablar y vestir, y hasta el peso de una persona son motivo para causar dolor a otros. Es por ello (y otros factores) que hay más casos de trastornos de ansiedad y depresión en jóvenes y adultos. Pero, ¿cómo nos volvemos más humanos?
La falta de humanidad se origina en la crianza. Hay personas que creen en escalar posiciones sin importar a quién maltratan en su camino. Es una actitud del “todo vale”, con la mente enfocada en lograr objetivos materiales o simplemente llegar al poder. Y esto me lleva a pensar, ¿son nuestros políticos inhumanos? ¿Por qué robarle a todo un pueblo sin un solo sonrojo? Hay que ser muy cruel y despiadado para no darse cuenta de que sus acciones dejan sin educación, salud, transporte y libertad a los más indefensos. También es cruel aquel que nos llena de ilusiones con promesas falsas.
Creo que carecemos del sentido de pertenencia, de apoyo y, por supuesto, empatía. Tenemos que llegar a un punto que nos indique que cada acción que hagamos tiene una consecuencia. ¿Qué nos cuesta mirar a nuestro alrededor y pensar en los demás? Tal vez un poco de buenas acciones, de querer hacer el bien para llegar a muchos, puede hacer la diferencia.
Para los padres y madres de mi país, solo quisiera que vieran qué consecuencias tiene el “juega vivo” y pisotear a los demás con acciones o gestos. Es triste ver a familias destruidas por el comportamiento de algunos. ¿Cómo van a ver a sus hijos a la cara? ¿Les importa? La peor crueldad es la que cometemos con los más pequeños, con los adolescentes y jóvenes que ven en sus padres los modelos a seguir. El mayor acto de inhumanidad es no querer a nuestra propia gente.
La familia, la escuela y la comunidad en general tienen que unirse para salir de esta telaraña que atrapa a todos por igual. Un mundo más humano empieza con un simple gesto de amabilidad y comprensión. ¿Se atreven a ser más humanos?
La autora es docente universitaria
