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AMBIENTE

Bosques, lluvia y desarrollo

Los bosques juegan sin duda un rol importante en los patrones de lluvias; sin embargo, existen múltiples mecanismos y procesos, que los científicos aún no establecen con claridad, involucrados en determinar cómo afecta la cobertura vegetal a la ubicación, duración e intensidad de las lluvias, (Douglas Sheil 2018). En consecuencia, no podemos afirmar, como varios grupos ambientalistas han hecho que, por ejemplo, la tala del derecho de vía para la ampliación de una carretera o el desmonte de un lote con zonificación comercial, sean causa directa de la posterior falta de lluvia en estas áreas.

Cada vez que un proyecto de infraestructura requiere desmonte, no falta quien argumente, con poco fundamento, que la escasez de lluvia es consecuencia de los proyectos de infraestructura. Estos argumentos son dados por cierto entre muchos ciudadanos preocupados y terminan siendo repetidos, cual dogma de fe, con inusitada frecuencia.

Una teoría que busca explicar la dinámica climática, propone que la cobertura forestal influye en los niveles de presión atmosférica, creando corrientes de aire que fluyen desde áreas de baja evaporación hacia áreas de alta evaporación. La lluvia depende de los vientos que movilizan la humedad del océano hacia el interior de la masa continental, (Makarieva, Gorshkov 2007). Esta es la llamada “teoría de la succión biótica” que aunque no resuelve todas las interrogantes de la predicción climática, su apego a los valores observados en campo, ha obligado a redefinir varios modelos atmosféricos actuales.

Esta teoría, aunque ha mostrado ser válida a nivel regional, no está destinada a predecir efectos locales sobre áreas con cobertura vegetal específica. Sin embargo, lo que sí sabemos a escala local es que los bosques en general y cada árbol en particular, brindan beneficios, tales como: mejorar el microclima, minimizar la erosión causada por la lluvia, regular la escorrentía superficial, lo que mejora a su vez la infiltración y recarga las aguas subterráneas.

Para salvaguardar los beneficios que brinda la cobertura vegetal, la legislación ambiental indica que cuando sea preciso desmontar, se debe pagar una indemnización ecológica y se debe realizar una compensación ambiental por el ecosistema afectado. La primera debe ser proporcional a la superficie y tipo de vegetación afectada (Resolución AG-0235-2003). En la segunda, el Manual de Compensación Ambiental de MiAmbiente, establece que la compensación debe realizarse sobre un área que puede llegar a requerirse hasta 3 veces mayor al área afectada. Esta se hará de preferencia en el área de influencia del proyecto y de no ser posible, se realizará en áreas protegidas y ecosistemas de manglar, corredores biológicos, áreas de recarga hídrica, zonas de amortiguamiento y/o en zonas ribereñas; es decir, cada árbol talado en un área de desarrollo, será reemplazado con creces en áreas destinadas al establecimiento forestal, donde los beneficios del bosque al ecosistema pueden ser aprovechados al máximo.

Todas estas medidas viabilizan la sostenibilidad de las obras de infraestructura, pero requieren de una sólida gobernanza para no quedar mediocremente implementadas por promotores inconscientes.

Los ingenieros y arquitectos, como señalamos en el artículo “La importancia del drenaje urbano”, publicado en La Prensa el 19 de septiembre del 2015, debemos tener una visión ambiental correcta para diseñar en armonía con el medio natural, minimizando desmontes, integrando la naturaleza en nuestros diseños, conociendo y respetando los principios ecológicos.

Los ambientalistas deben ser vigilantes idóneos del cumplimiento de las leyes; pero su accionar es más útil si en lugar de oponerse a cualquier tipo de tala, velaran por la correcta aplicación de las normas de diseño y de las medidas destinadas a compensar los servicios ambientales afectados. Infórmense y cuestionen, pero basados en las leyes y en las mejores prácticas de construcción ecológica, no en posturas arbitrarias.

El desarrollo sostenible no debe traducirse en la preservación a ultranza de la naturaleza en detrimento del desarrollo de nuestras infraestructuras. El desarrollo sostenible llama a un equilibrio entre la satisfacción de las necesidades humanas y el respeto por el entorno natural; para esto es necesario ordenar el territorio, y contar con los medios y la voluntad para aplicar las leyes.

El autor es ingeniero civil 


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