[GIRO SUDAMERICANO]

Brasil, Argentina y el cambio

El anuncio del juicio a Rousseff levantó la bolsa de Sao Paulo en 4.08%. Las desvalorizadas acciones de Petrobras subieron 7%. Se vislumbra así el fin de la turbulencia política y la recesión.

Kissinger decía que Latinoamérica seguiría el destino del Brasil. No es así. Lo evidencia la inmunidad de la Alianza del Pacífico frente a la crisis brasileña, ahora agravada por el juicio político para sacar a la presidenta Dilma Rousseff. Un calvario de duración y resultado inciertos, que involucra políticamente a Lula, padrino de la corrupción en el Partido de los Trabajadores.

Es una triste coyuntura que coincidirá con otros hechos cruciales: las conflictivas elecciones en Venezuela; la política externa y la apertura económica del presidente argentino Mauricio Macri; el referendo vinculante que aprobará o no lo negociado por el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia; la reforma del Mercado Común del Sur; el descalabro de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba); el desprestigio creciente de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur); el resurgimiento de la Organización de Estados Americanos, y un etcétera posiblemente largo.

Los primeros rasgos de este sinérgico giro sudamericano los veremos ahora en Caracas. No pecaría de pesimista quien piense que con Nicolás Maduro solo se espera lo peor tras los resultados de las elecciones a la Asamblea; la Argentina de Macri endurecería su firme posición contra el chavismo y contra la complicidad de Unasur presente en Caracas para legitimar lo que convenga a la dictadura.

El anuncio del juicio contra Rousseff levantó la bolsa de Sao Paulo en 4.08%. Las desvalorizadas acciones de Petrobras subieron el 7%. Se explica porque los negocios creen ver el fin de la turbulencia política y la recesión.

Las visitas de Macri al Brasil y a Chile han oxigenado a dos presidentas impopulares. Es un beneficio negado a nuestro mandatario, Ollanta Humala, a pesar de la amistad histórica que nos une con Argentina. Sus inoportunas e innecesarias declaraciones absolviendo a Rusia en el delicado incidente aéreo con Turquía nos alejan de la Unión Europea y de Estados Unidos. En el momento más poco adecuado, el nacionalismo compite con el Alba para acercarse al problemático Vladimir Putin, ofreciéndole una amistad “estratégica” que, al mismo tiempo, obstaculiza la negociación del importante TLC peruano-turco.

La revitalización de la alianza con Rusia recuerda el gesto velasquista de Humala cuando su hermano Alexis se entrevistó con el canciller ruso el mismo día que, como presidente electo, él visitaba Washington. Es un postrero retorno al desfasado No Alineamiento que no calza con nuestra aspiración a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.

Aunque la política exterior importe poco en el Perú, las contradicciones y los malos pasos en diplomacia suelen tener efectos perdurables.


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