Cada vez es más común que las personas busquen obtener el bronceado “perfecto”, como si se tratase de un estándar de belleza y salud. Debemos empezar por decir que un bronceado realmente no es más que una manifestación de la exposición solar excesiva en la piel. Cuando este bronceado se obtiene por camas, cabinas o lámparas solares en interiores, no se escapa de los riesgos de la exposición solar en el exterior y, además, se ha evidenciado un aumento significativo de casos de melanoma (el tipo de cáncer de piel más letal) entre sus usuarios.
Un estudio, realizado en Estados Unidos en 2016, señala que el riesgo de padecer melanoma es seis veces mayor en mujeres menores de 30 años que se bronceaban en interiores en comparación con aquellas que nunca lo habían hecho.
En resumen, los riesgos observados con el bronceado artificial con cabinas, según el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) son: un aumento del riesgo de padecer cáncer de piel: carcinoma basocelular y melanoma, envejecimiento prematuro de la piel y daño ocular. El daño ocasionado por el bronceado en interiores es acumulativo e irreversible, y a más joven inicien las rutinas de bronceado conlleva un mayor riesgo.
Un mito importante a desmentir es que las camas solares o cabinas son más seguras para producir vitamina D. Si bien es cierto que la vitamina D es necesaria en el cuerpo, en nuestro país, la exposición a los rayos ultravioletas en el día a día y la alimentación proveen los niveles de vitamina D necesarios para nuestro organismo.
En el ámbito internacional, algunos países han tomado la delantera y han regulado el uso de camas solares, prohibiendo del todo su uso en Australia y Brasil. Mientras que en Alemania, Austria, Bélgica, España, Finlandia, Francia, Islandia, Italia, Noruega, Portugal y el Reino Unido, la prohibición está limitada a menores de 18 años.
En la educación de la población está la clave para evitar las consecuencias potenciales del bronceado con lámparas, cabinas o camas solares, una rutina que no arraiga más que daños potenciales inmediatos como quemaduras o consecuencias, inclusive, mortales a la larga. Por ello, como recomendación general, nunca utilice estos aparatos para broncearse.
La autora es médica
