Desde principios de la humanidad los barcos han sido parte del desarrollo de nuestra sociedad. Desde las arcaicas barcazas usadas hace miles de años, pasando por las carabelas de Francisco el Navegante, hasta el barco a vapor desarrollado en la revolución industrial por Joseph Ressel. El siguiente paso de la industria marítima que parecía un sueño de ciencia ficción de un futuro lejano, está más cerca de lo que pensamos.
Los buques no tripulados son naves que no necesitan de la intervención del hombre para ser operados. Actualmente se están desarrollando tres tipos de naves, las semitripuladas; las de control remoto, manejadas por un piloto desde algún punto en tierra firme y las naves autónomas, que son capaces de tomar sus propias decisiones y no necesitan en lo absoluto de la intervención humana.
En la industria marítima se calcula que el 96% de los accidentes que ocurren son a causa de un error humano, aparte de que la tripulación de un buque supone el 40% de los gastos operacionales de una nave, superando inclusive los gastos de gasolina. Teniendo esto en cuenta, con la implementación de los buques autónomos los gastos de las navieras se reducirían considerablemente, incluso los gastos de seguro de la nave se reducirían en gran proporción por la eliminación del factor humano, que reduciría los riesgos de la aventura de mar.
Los nuevos buques autónomos serían capaces de transportar más volúmenes de carga, teniendo en cuenta la reducción de los espacios para los marinos en la nave, y serían más ecoamigables por la reducción de basura, aguas de lastre y la posibilidad de utilizar energía limpia para su funcionamiento.
Actualmente compañías como Kongsberg Gruppen ASA y YARA ASA están desarrollando un prototipo de buque autónomo llamado Yara Birkeland, que se pronostica estará recorriendo las aguas noruegas en 2020.
Algunos países como Estados Unidos ya preparan prototipos con fines militares, mientras que países europeos junto a Rolls Royce Marine trabajan en prototipos de buques autónomos con fines comerciales para entrar en funcionamiento en la próxima década.
La Unión Europea en su Comisión Europea ya prepara una serie de reglamentaciones (Munin en sus siglas en inglés) para la implementación de este tipo de naves comercialmente.
Sin embargo, algunos problemas surgen con la implementación de estas naves, por ejemplo, en el Canal de Panamá, donde un piloto del Canal tiene que tomar control de la nave al momento de su tránsito por las esclusas, ¿cómo se reglamentaría el tránsito de buques que no necesitan un piloto o capitán para funcionar?; ¿cómo Panamá como bandera más popular entre naves alrededor del mundo haría para hacer cumplir convenciones de seguridad marítima como Solas, Colregs, Marpol, STCW y regulaciones nacionales en puertos de nuestro mar territorial en naves sin tripulación?
Nuestros cuerpos jurídicos presentan un vacío ante la implementación de estas naves autónomas; sin embargo, lo que es cierto es que la nueva era de la industria marítima ya está aquí. Dependerá de nosotros estar listos como país marítimo para ello.
El autor es abogado
