[LIBERTAD DE PRENSA]

Celebrar y recordar

Las fuerzas opuestas a la libertad y partidarias del control y del manejo ‘desde arriba’ de la información han recuperado buena parte del terreno perdido.

El pasado fue (para casi todo el mundo) un largo fin de semana. El viernes 1 se conmemoró el Día de los Trabajadores y el domingo 3, el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Son celebraciones que de alguna manera están vinculadas una con otra. Nada se hubiera sabido de la epopeya de los mártires de Chicago, que murieron por reclamar la implantación de la jornada laboral de ocho horas, si no fuera por las crónicas de los corresponsales y los periodistas independientes (impactantes las que José Martí escribió como corresponsal, para el diario La Nación de Buenos Aires).

Es cierto que la “buena” prensa de Chicago y la de casi todo Estados Unidos, donde el día de los trabajadores no se festeja el 1 de mayo, fue un poco cómplice de aquel crimen. Pero igual de cierto es que de los cuatro ahorcados, tres eran periodistas: Adolf Fisher, Albert Parsons y August Vincent Theodore Spies, a quien se atribuye, con algo de leyenda, haber lanzado instantes antes de su muerte el premonitorio anuncio: “Feliz tiempo aquel en que nuestras palabras serán más fuertes y elocuentes que nuestras voces que hoy estrangula la muerte”. El cuarto ajusticiado, George Engel, era tipógrafo. Los trabajadores, en gran medida, tienen para celebrar, festejar y aplaudir: han ganado mucho terreno desde aquellos días.

El pasado domingo 3, en tanto, se celebró el Día Mundial de la Libertad de Prensa, estatuido por la Unesco y las Naciones Unidas en 1993. Un día oficial para reforzar y reclamar la vigencia de aquel primer alegato (Areopagítica) de John Milton ante el Parlamento de Inglaterra. Fue en 1644 que Milton reclamó a los parlamentarios “dadme la libertad de saber, de hablar y de argüir libremente según mi conciencia, por encima de todas las libertades”.

Más cerca en el tiempo cabe recordar el aporte del español Federico Mayor Zaragoza, director general de la Unesco (1987-1999), quien desde ese cargo impulsó la instauración de ese día, que se comenzó a celebrar efectivamente en 1998 con actos simultáneos en París y en Kampala (Uganda). Para el segundo año se eligió a Bogotá, como homenaje al periodista colombiano Guillermo Cano, asesinado por el narcotráfico y cuyo nombre lleva el Premio Mundial de la Libertad de Prensa que la Unesco otorga todos los 3 de mayo.

Mayor Zaragoza impuso un cambio fundamental en la política de la Unesco en materia de libertad de prensa y ejercicio del periodismo, por la que hasta ese momento se había apadrinado la idea del Nuevo Orden informativo Internacional impulsado por la URSS y el bloque socialista y países y organizaciones allegadas con el ánimo de imponer un control del flujo informativo a cargo de los Estados y gobiernos y expertos y organizaciones a la orden.

El cambio impuesto implicó impulsar y revitalizar la efectiva libertad de prensa y el libre ejercicio del periodismo, sin controles de ninguna especie, como elementos básico e ineludibles para que los ciudadanos puedan ejercer plenamente su derecho a la información.

Fue mucho lo hecho y lo conseguido en aquellos años, pero lamentablemente las fuerzas opuestas a la libertad y partidarias del control y del manejo “desde arriba” de la información han recuperado buena parte del terreno perdido. Se podría decir, entonces, que este 3 de mayo no hubo tanto para festejar. Y menos en nuestro hemisferio.

Y no solo se trata de periodistas asesinados y de la impunidad de los asesinos, que ya es mucho, demasiado, sino que se suman avances peligrosos y preocupantes en el control de la libertad de prensa y el ejercicio del periodismo. Se trata de los múltiples instrumentos utilizados desde el poder contra la prensa y los periodistas independientes o de oposición. Muchos de esos mecanismos restrictivos disimulados formal o legalmente o amparados en una lucha por la “democratización”, en la que colaboran en la acción directa grupos de choque, típicamente fascistas, y las “fuerzas del orden” y en otros planos, académicos y expertos planificadores, que ello sí saben, como los iluminados gobernantes, que es lo que la gente quiere saber y que es lo que se les puede informar y “deben” saber.

Esta es la realidad y es la que confirma que los trabajadores de la prensa, en cuanto a lo que tiene que ver con el cumplimiento de su tarea, muy poco tuvieron para aplaudir, ni el viernes 1 ni el domingo 3.


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