Una primavera del descontento emerge en Guatemala y Honduras y puede extenderse a El Salvador. En pocas semanas, una ola de protestas ha puesto en jaque a los Gobiernos y sacudido unas estructuras de poder que parecían inamovibles. Piden una regeneración de la vida política y el cambio de sus principales árbitros.
Todo empezó en Guatemala. Fue el pasado 25 de abril, cuando dos universitarias convocaron a través de las redes sociales una protesta frente al antiguo palacio de Gobierno. Exigían limpieza frente a la corrupción. El llamamiento prendió como la pólvora y miles de personas lo secundaron. Ahora, se sucede cada sábado. Y, como un seísmo, tiene réplicas en el resto de grandes ciudades guatemaltecas. Las protestas han logrado, de momento, la renuncia de la vicepresidenta, Roxana Baldetti, y tienen arrinconado al presidente, Otto Pérez Molina.
Esta rebelión no hubiese sido posible sin las redes sociales, fuera del control gubernamental, según los sociólogos Carlos Guzmán Böckler y Gustavo Berganza. “En su despertar, los guatemaltecos exigen edificar un país distinto, una fórmula que permita la regeneración del tejido político. Y ello pasa por hacer transparente la financiación de los partidos políticos, dependientes de fuentes opacas que luego pasan factura”, señala el analista Edgar Gutiérrez.
Aupado por el cansancio ante la corrupción, el movimiento se enfrenta ahora a la incógnita de su permanencia y a su debilidad estructural: carece de una dirección clara y aún faltan resultados tangibles.
“En Honduras, la primavera la vamos a vivir en el momento en que logremos hacer renunciar al presidente', dice Ariel Varela, uno de los impulsores de las protestas. De 34 años, casado y con tres hijos, no pertenece a ninguna organización y se considera, como otros miles, un “indignado”. El movimiento surgió como respuesta a los escándalos de corrupción, sobre todo, el que afecta al Partido Nacional (PN), la fuerza gobernante, por el supuesto desfalco de 310 millones de dólares entre 2010 y 2014 al Instituto Hondureño de Seguridad Social. Mediante una red de empresas fantasma, el PN alimentó sus arcas y financió supuestamente sus campañas internas y nacionales de 2013. El presidente, Juan Orlando Hernández, admitió haber recibido dinero de ese origen.
Detienen a hijo de Lobo
En un país con un 42% de la población en situación de pobreza extrema, el saqueo al ya de por sí desabastecido instituto encargado de la distribución de fármacos hizo detonar la protesta.
El movimiento creció hasta cobrar tal fuerza que casi a diario emergen protestas, antorcha en mano, en las principales ciudades de Honduras.
Mientras, los nuevos escándalos salen a flote. El último es el de Fabio Lobo, hijo del expresidente Porfirio Lobo, detenido el 20 de mayo en Haití por agentes de Estados Unidos bajo la acusación de narcotráfico. Honduras y Guatemala están en ascuas. Las protestas, con apenas un mes de vida, presagian un aumento de tensión, pero también el inicio de una nueva era.
