Hay quienes hablan de crisis o de una situación de emergencia, y otros, simplemente, de sainete, cuando hablan de lo que sucede en estos días en el seno del Mercado Común del Sur (Mercosur).
Este martes 23 se reunieron los coordinadores de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Estaba invitada Venezuela, pero no asistió. El tema tratado fue la conducción de la institución hasta diciembre, ocasión en que Argentina asumirá la presidencia pro tempore. Mientras tanto, hasta esa fecha, será el comité coordinador quien manejará todos los asuntos, según lo que sostienen Argentina, Brasil y Paraguay. Estos por varias razones han vetado a Venezuela, que era al país al que, por orden alfabético, le correspondía la presidencia. Entienden que Venezuela no está habilitada para asumir por no haber cumplido con los protocolos correspondientes para la plena integración. Paraguay ha denunciado, además, que no cumple con la cláusula democrática (Protocolo de Ushuaia), con lo que también coinciden los otros dos países.
No obstante todo ello, Nicolás Maduro, acostumbrado a cómo se maneja en su país, asumió la presidencia pro tempore. En esto solo cuenta con el acuerdo de Uruguay, quien dice ajustarse a las normas jurídicas, y además sostiene que Venezuela es una “democracia autoritaria”. Uruguay, que fue que de hecho “entregó” la presidencia pro tempore a Maduro, ha quedado bastante mal parado en todas estas instancias diplomáticas y, sobre todo, con sus vecinos más cercanos y miembros fundadores de la institución.
En el marco de este tira y afloja, Venezuela convocó a una reunión de coordinación para el miércoles 24 (el día siguiente), a la que solo asistió el representante de Uruguay y uno de Bolivia, país que no es miembro. Bolivia, por ahora, es un postulante para integrar el Mercosur, pero mientras tanto y como ya es habitual, el gobierno de Evo Morales se acopla a cualquier carnavalito bolivariano.
Lo cierto es que no importa mucho –y ya desde hace tiempo– si el Mercosur funciona o no. Pero lo que ocurre en estos días tiene un valor simbólico. No se trata de la revancha de Paraguay, que desde siempre se opuso al ingreso de Venezuela, la que pudo lograrlo solo cuando aquel fue suspendido en una especie de alcaldada de triste memoria. Se trata de que es la primera vez que una organización internacional cuestiona, efectivamente, a Venezuela, por no respetar los principios y las instituciones democráticas, y por violar los derechos ciudadanos.
No es poca cosa. La Organización de Estados Americanos, hasta ahora, no lo ha conseguido, aunque –es justo anotarlo– cada vez se acerca más a ello, merced de los esfuerzos de su nuevo secretario general, el uruguayo Luis Almagro.
Un diplomático experto en el tema me dijo –respecto a la situación y “la salud” del Mercosur– que “está en estado de coma inducido hasta diciembre”. “En esa fecha asume Argentina y se acabó el problema”, me explicó. “Mientras tanto –prosiguió mi informante–, cada grupo se manejará como le parezca”. “No va a pasar nada grave”, dijo, al tiempo que advirtió“que de aquí a diciembre en Venezuela pueden ocurrir muchas cosas y, entre tantas, está previsto que deberá cumplir con el llamado al referendo revocatorio, a través del que los venezolanos ratificarán y legitimarán al presidente Maduro, o le echaran”. “Y ahí se acabaron los problemas e inconvenientes y hasta es posible que se le dé un plazo a Venezuela para que cumpla con todas las obligaciones y protocolos”, concluyó.
–¿Y qué pasa si el revocatorio no se convoca o no se realiza antes de diciembre?, le pregunté al experto.
–“También se acaban los problemas: Venezuela, seguramente, será echada del Mercosur por no cumplir con la cláusula democrática”.
“Si eso ocurre –observó– le será muy difícil a los amigos y socios de Venezuela defender a “la democracia chavista” y a Nicolás Maduro. Y en el Mercosur, en particular, Uruguay se las verá muy feo para explicar sus tesis de que en Venezuela rige una democracia autoritaria.
