ESTADOS UNIDOS

Confrontando la historia

Los periódicos no dejan de escribir lo que paso en Charlottesville, una ciudad universitaria en el estado de Virginia. Ese sábado 12 de agosto la violencia explotó en medio de una manifestación de ultraderecha, que se oponía a la remoción de la estatua del general confederado Robert E. Lee. La confrontación se dio entre los que pedían o adversaban dicha remoción. En ella se produjeron 34 heridos, y una mujer resultó atropellada cuando un simpatizante nazi estrelló un carro entre los manifestantes. Los ultra desfilaron de noche utilizando antorchas, imitando las marchas que se daban en los años 30 del siglo pasado en la Alemania nazi.

Todo esto nos lleva a analizar el papel que los monumentos erigidos hacen en la conciencia nacional. ¿Acaso se puede cambiar la historia? ¿Estos son un recordatorio del pasado o una afirmación del presente? Lo que llama la atención es que estas estatuas se levantaron entre 1890 y la década del 20 del siglo pasado, años después de que acabara la guerra civil norteamericana. Es por eso que, a mi juicio, tienen que ver más con el estado presente de las cosas que con el significado histórico del pasado. En esos años, los estados sureños adoptaron las leyes Jim Crow, hecho que manifestaba la segregación racial. Así que las estatuas invocaban y recordaban el dominio blanco en los estados sureños y así reflejaban la situación en la sociedad presente. Es por eso que muchas ciudades sureñas como Baltimore, Durham, Gainesville, Annapolis, Nueva Orleans, etc., tienen monumentos confederados que, proclamando la adopción de los derechos civiles, piensan destruir.

La remoción o destrucción de los monumentos no se da solo en nuestra época. Recordamos a los antiguos egipcios que deformaban o eliminaban los restos de las dinastías pasadas y, más en el presente, la destrucción de los budas milenarios por los talibanes en Agfanistán, y la remoción de la estatua de Sadam Hussein cuando cayera su regimen dictatorial. ¿Quién no recuerda aquí el monumento a Roosevelt que fue removido en los estertores finales de la dictadura militar?

Pero el presidente Trump tiene algo de razón cuando describe como “tonta” la destrucción de los monumentos confederados. El problema es que una vez que se empiece con la eliminación, esto puede alcanzar en Estados Unidos hasta los monumentos a Washington y Jefferson, como dijera Trump. Es por eso que pienso que los monumentos se deben dejar, aunque no cumplan otra misión que la de recordar los vestigios de una cultura que fuera superada y mejorada en nuestra sociedad actual.

El autor es empresario


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