GOBIERNO

Constituyente, ¿la tomas o la dejas?

El temor a una constituyente es propio de personajes que sobreviven mediante distintos actos de corrupción. Esos temores aumentan, si se llega a formalizar la convocatoria, porque las nuevas disposiciones serían interpretadas por especialistas honestos, que bloquearían los intentos oscuros de los poderosos, que eternamente han eludido la justicia, gracias al amiguismo y al soborno.

Me resulta inaceptable y odioso ver que los políticos en sus campañas presidenciales prometen hacer un llamado a una constituyente, pero al lucir la banda presidencial y posar para las cámaras, el síndrome del olvido invade sus cerebros, y la promesa de constituyente hace un corto viaje rumbo al alcantarillado más cercano.

Nuestra actual Carta Magna contiene artículos ambiguos y dudosos, esto le permite a los abogados y a los políticos interpretar y aprovecharse de ello para lograr sus fines personales.

Como ejemplo primario, podemos citar una realidad que nos martilla el cerebro cuando observamos que la balanza de la justicia tiende a inclinarse siempre a favor de los poderosos, mientras que para el pueblo se dictan fallos de cárcel, cadenas y manguerazos.

Se puede afirmar que el excesivo presidencialismo, metiendo las narices en lo judicial y legislativo, es ya una ley no escrita, pero ejercida por todos los gobiernos que se han sentado en el manoseado sillín presidencial.

El nombramiento de magistrados en la Corte Suprema de Justicia (CSJ) y la manipulación de diputados para que aprueben las caprichosas leyes que emanan del palacio, son los platillos favoritos y apetecidos por los gobernantes.

Cuando un presidente nombra a un personaje de su entorno en la CSJ, es de suponer que así se garantiza un blindaje en momentos críticos, cuando deba enfrentar denuncias por actos de corrupción, abuso de poder, etc.

Soy un convencido de que establecer la constituyente es la mejor opción que podemos ofrecerle a nuestras futuras generaciones.

El pueblo debe asimilar, con cautela, qué es una constituyente y qué beneficios se obtendrían para que el país avance en materia de justicia, alimentación, seguridad, educación, vivienda, salud y libertad de expresión.

Para que todos los que habitamos en Panamá tengamos iguales derechos, es necesario moverle el piso a quienes están llamados a convocar a la “voluntad popular” y consultarle si acepta o rechaza una constituyente, y que el resultado sea respetado y aceptado.

Ya basta de encogerse de hombros y de aceptar, dócilmente, lo que dispongan los amos de turno.

Nuestros antepasados ya escribieron gloriosas páginas históricas, ahora nos toca a nosotros actuar y gritar: ¡Constituyente ya!

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