Di algunas charlas en Panamá a jóvenes sobre el rock. Era el año 1988. Entonces todo era satánico y pecaminoso. Parecía mejor creer en el enemigo fuera que dentro de uno mismo. Me fui a España y leí Queremos solo tu alma y El rock invade la iglesia y todo parecía encajar, hasta que alguien me hizo la gran pregunta: ¿has comprobado lo que dicen esos libros? Entonces comencé a investigar y aprendí que, como nos decía John Stott, creer es también pensar.
El criterio es fundamental, incluso para creer. Una fe sostenida en la superstición y la mala interpretación de la Biblia termina comprometiendo el mensaje. Si todo fuese satánico no necesitaríamos un Salvador, necesitaríamos un exorcismo y creo que eso no lo enseña por ningún lado la Biblia.
Marduk es tan satánico y blasfemo como AC/DC o KISS: gente que se pinta la cara, hacen su espectáculo y luego vuelven a su casa y hacen su vida mientras un montón de crédulos se enganchan a su falso satanismo. Recoger firmas para que no se presenten o hacer vigilias para plantarle cara al “enemigo” es comprender mal la Biblia, dando una idea equivocada de la necesidad del ser humano.
Somos nuestro peor enemigo. Echar la culpa a Satanás es el “juega vivo” espiritual. Le culpamos a él para no ser reprochados, cuando se supone que Dios todo lo ve. Querer engañar a Dios es superstición y no una relación con Él.
Escuche las letras de canciones en español, sin tener que poner discos al revés para encontrar mensajes satánicos. Los enemigos de nuestras familias y de nosotros son mucho más sutiles, están hechos de ignorancia y falsa comprensión de los textos bíblicos.
“Una fe que razona, una razón que cree”. En este lema tenemos que descansar. Dar razón de la fe es complejo, requiere trabajo, pero agitar a los demonios es mucho más fácil: podemos esconder tras sus sombras nuestra ignorancia, nuestra santa hipocresía.
El autor es escritor.