Turquía celebra el día 7 las elecciones generales más inciertas desde 2002, con la posibilidad de que el islamista AKP pierda la mayoría absoluta con la que lleva gobernando desde entonces y que son vistas también como un plebiscito sobre los planes del presidente Recep Tayyip Erdogan de asumir más poder.
Casi 57 millones de turcos pueden votar en unos comicios dominados por el proceso de paz con la guerrilla kurda, la creciente islamización que impulsa el gobierno, el recuerdo de las masivas protestas antigubernamentales, la corrupción, el autoritarismo y la mala situación económica.
Los sondeos dan al Partido Justicia y Desarrollo (AKP), fundado por Erdogan, entre 40% y 42% de los votos (frente al 49.8% de 2011); los socialdemócratas del CHP se quedaría en torno al 26%; los nacionalistas de derechas del MHP obtendrían hasta el 17%.
La gran incógnita es el Partido Democrático de los Pueblos (HDP), tradicionalmente fuerte en las regiones kurdas, que se presenta por primera vez con el objetivo de no representar solo a esa minoría, sino también ser una opción de izquierdas para todos los turcos.
Si logra superar el umbral del 10% de votos en todo el país, el HDP entraría en el Parlamento con 50 diputados y grupo propio, lo que le dificultaría al AKP revalidar su amplia mayoría, aunque probablemente aún podría gobernar en solitario.
Si queda por debajo del 10%, el reparto de escaños correspondiente puede darle al AKP una mayoría de tres quintos, necesaria para someter a referéndum la reforma constitucional que pide Erdogan.
Esta reforma dotaría al país de un sistema presidencialista en la que el jefe del Estado tenga atribuciones ejecutivas, algo que ahora no es el caso, pese al enorme peso de Erdogan en la vida política aun después de dejar el cargo de primer ministro y convertirse en presidente en agosto pasado.
“Estas elecciones van a tener también un carácter de referéndum. La gente no solo va a votar a los diputados que los representarán, sino también si aprueban cambiar la democracia parlamentaria en un sistema presidencialista a la turca”, señala Tarik Seng l, profesor de ciencias políticas en la Universidad Técnica de Oriente Medio (ODT).
Desde que ganó las elecciones presidenciales, Erdogan no ha dudado en explotar al máximo sus funciones, incluso presidiendo reuniones del Consejo de Ministros, de forma mucho más intensa que todos sus antecesores democráticos. Incluso, como denuncia casi a diario la oposición, Erdogan ha ignorado la neutralidad del cargo, obligatoria según la Carta Magna, y ha llenado la campaña electoral con ceremonias de inauguraciones de obras públicas en las que incluso se refiere a “nosotros” cuando habla del AKP y critica duramente a la oposición.