[SOCIEDAD]

Cultura a la carta

Al principio la noticia me pareció un hallazgo genial. El madrileño Museo del Traje organizó hace un par de años una exposición sobre modistas españoles con la particularidad de que era el público el que elegía de antemano y a través de las redes sociales qué prendas debían exhibirse.

El éxito de la iniciativa fue tal que se repitió, y ahora ha dado paso a la posibilidad de que se celebren conciertos a la carta. Una página web, Shows on demand –el nombre viene en inglés aunque la página que he visitado está en castellano– permite elegir qué artista le gustaría a uno que diese un concierto. Luego se trata de que esa elección sea apoyada por la suficiente cantidad de espectadores eventuales como para que la función termine por celebrarse.

Como es lógico, el éxito de la iniciativa depende de la habilidad de cada uno para manejar sus contactos en las redes sociales, pero en el reportaje que he leído –publicado en el diario El País– se dan ejemplos del éxito logrado mediante el proyecto de proyectar películas clásicas a las que las salas comerciales no prestarían nunca atención. E incluso del uso de las redes sociales por parte del museo Thyssen para decidir cuál sería la portada de una exposición de Pissarro.

Conciertos, exposiciones y cine a la carta. ¿La revolución cultural del siglo XXI en marcha? Revolución, ya es. Hasta ahora esas iniciativas dependían de que un empresario o una institución arriesgasen su dinero apostando de antemano por una iniciativa que podía dar lugar al éxito fugaz o al fracaso absoluto.

Todos los protagonistas de semejantes aventuras se quejan de lo difícil que es llevar el público a las salas. Ahora el espectáculo a la carta le da la vuelta a la tortilla para que se programe lo que se sabe, con ciertos azares siempre pendientes, pero mucha más seguridad de que va a triunfar. Pero, ¿por qué limitarse a la exhibición de lo ya conocido? ¿No apunta esa cultura a la carta a dar un paso más adelante, de tal manera que se componga, se filme, se pinte y se escriba lo que va a tener el éxito garantizado?

Algo de eso hay ya. Basta con repasar el contenido de los estantes de las librerías de los aeropuertos para comprobar que los autores escriben y las editoriales publican lo que tiene venta más segura: novelas históricas, policiacas y amorosas. Ahí las redes sociales no intervienen –de momento– pero el mecanismo es parecido. Y ¿dónde conduce ese sendero? ¿Qué encontramos al pie del arcoíris? Revolución, sí, pero ¿cultura?

El arte, la literatura, el teatro y el cine han avanzado gracias a la propuesta arriesgada de creadores a quienes se les daba una higa el éxito comercial. Por mucho que todos ellos deban comer, y para ello hayan de plegarse a las modas, aparece de vez en vez alguien a quien no le importa morirse de hambre y escribe, pinta o filma aquello que cree que es la expresión de su talento, aunque no le interese a nadie. Los grandes genios de hoy son los que pasaron penurias antes. La cultura a la carta supone su condena de muerte.


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