Con la llegada de la dictadura muere el ideal chavista del “socialismo del siglo XXI”. Tuvo desarrollo y final similares a todos los socialismos de esencia comunistoides que han existido en el mundo. Es decir, terminan en dictaduras incapaces de resolver problema alguno, pero sí de empeorarlos y generar otros nuevos y más graves que los heredados. Venezuela es la última muestra de este fenómeno sobre el planeta Tierra.
Lo más grave es que para retener el poder que han concentrado durante estos años apelan a la represión sin límites, a la violencia física e institucional, a todo cuanto sea necesario para alcanzar el objetivo.
El desconocimiento de los más elementales derechos humanos nos revela que lo peor no son las violaciones al estado de derecho, sino su inexistencia.
La muerte del derecho como el instrumento regulador de la vida en sociedad y de esta con el Estado deja indefensa a la nación. Los ciudadanos quedan sometidos a las arbitrariedades y caprichos de quienes tienen en sus manos la totalidad del poder público. ¿Qué hacer? Pues, luchamos o nos rendimos.
Nosotros tenemos la obligación de ejercitar la razón frente a la realidad. Los males de nuestro país están más que diagnosticados, pero la realidad se mueve de prisa, como lo demuestran las medidas llevadas a cabo contra los 22 dirigentes comunicacionales de los diarios El Nacional, La Patilla y Tal Cual, los excesos contra los presos políticos y la inaceptable utilización de todas las ramas del poder público para apoyar o garantizar la impunidad del mundialmente investigado presidente de la Asamblea Nacional.
Nicolás Maduro no sabe qué hacer. Tanto él como el alto gobierno civil y militar temen al juicio que necesariamente vendrá sobre esta izquierda estéril e inmoral, responsable directa del fracaso más grande del cual tengamos memoria en el continente americano. En su balance está el haber desprestigiado a la izquierda decente y democrática que aún queda entre nosotros y en el vecindario.
Hemos afirmado en varias ocasiones que la verdadera naturaleza del problema venezolano no es electoral sino existencial. Lo electoral debe utilizarse instrumentalmente, pero la lucha es con relación a los principios y valores fundamentales de la democracia. El objetivo es el cambio de régimen. Tenemos con qué y sabemos para qué.
Hay que trabajar y exponerlo para lograrlo.