CUERPO DE BOMBEROS

Disciplina, honor y billetón

Si el Buen Gobierno quiere acabar con el empapelamiento y la burocracia, debía empezar por devolver al Benemérito Cuerpo de Bomberos a sofocar incendios y no a provocarlos. Así, deben sacarlo de cuajo de la regulación inmobiliaria. Porque si hay un caso grave de ignorancia, redundancia, improvisación, discrecionalidad e incluso corrupción, que afecta la vida del sector construcción y vivienda es este. Nito debe volver el monstruo a sus cuarteles y empoderar a los municipios para hacer su trabajo.

No conozco promotor, constructor o simple ciudadano que hable de su experiencia con los bomberos como satisfactoria… y vaya que hay muchos. Por razones no muy claras, el Cuerpo de Bomberos, que apenas si se ocupaba de los extintores, las conexiones eléctricas y tuberías de gas, inexplicablemente sin tener ni la capacidad ni el entrenamiento para hacerlo, se ha convertido en la última palabra en la normativa de construcción con consecuencias onerosas a todo el que intente construir, aunque sea una garita.

Esta súbita burocracia ha crecido como el matapalo, usurpando y duplicando funciones que también están en otras agencias del gobierno. Por ejemplo, ya no basta la inspección de un electricista idóneo, ahora es necesaria la de los bomberos que además, sin normativas precisas y claras exigen planos y papeles que no mejoran la seguridad de la obra, sino que la demoran y la encarecen. La consecuencia es un alargamiento y complejidad a los ya complicados trámites. Un importante promotor inmobiliario me reporta que de los ya largos 230 días que le toma aprobar un proyecto, las aprobaciones bomberiles son 70 días, más del 30% de todo el camino al purgatorio.

La peor vaina no es la duplicidad, sino la improvisación y la discrecionalidad. No parece haber lista confiable de requisitos ni manuales de procesos ni de inspección. Vas a lo que te toca. Una señora, haciendo eco de otros, se quejaba porque dependiendo del bombero, así eran los diferentes requisitos que le pedían ese día. Y ya todo el mundo lo sabe y tratan que para solicitar e inspeccionar, les toque el bombero suave, o el que es más “pasiero”, y nunca el duro. ¡Y que Dios me perdone, pero ese jueguito lleva a ver como “provocamos” que venga el suave en vez del duro…!

Con la discrecionalidad y la improvisación viene la omnipotencia. Ahora te “recomiendan” medidas que claramente exceden sus atribuciones, pero en las inspecciones te las exigen. ¡Los bomberos te dicen -no te sugieren ni te dan una lista- del plomero que tiene “idoneidad”, o del extintor por marca, que tienes que instalar! Y si no cumples a pie juntillas, te aparecen nuevos requerimientos que te los cambian con solo cambiarte el bombero que te recibe los papeles. Un promotor me confesó que para pasar por el aro tuvo que conseguirles hasta la marca y la especificación técnica de la grasa lubricante del ascensor del edificio que estaba construyendo.

Pareciera que esta combinación de recursos limitados, improvisación, incompetencia y discrecionalidad provoca esta “tormenta perfecta”. ¡Mi sospecha es que la tormenta es demasiado perfecta! Porque entre tanto enredo y tumbo hay algunos que navegan ese mal tiempo… como si nada.

Y aunque mañana hubiese un gran mea culpa y se propusiera una reforma a la fiscalización del benemérito, esas funciones seguirían donde no deben. Estos temas pertenecen a los municipios. Y quizá puedan algunas unidades especializadas de los bomberos asesorar a las alcaldías, pero no más regulación paralela. Es buen momento para desempapelar el sector construcción y devolver a nuestro Cuerpo de Bomberos a sus verdaderas funciones y que no se erosione el lustre venerable con que todos lo recordamos. Disciplina, honor y abnegación.

Como estoy seguro de que este escrito estimulará el debate, estoy ávido de recibir comentarios y críticas, pero también nuevas anécdotas e historias de horror de las actuaciones del benemérito. Me pueden escribir a info.fundacionlibertad@gmail.com.

El autor es director de la Fundación Libertad 

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