Los panameños enfrentamos en una corta campaña electoral la oportunidad de dar nuestro poder a quien sea un estadista, tal y como ocurría a inicios de la República, como al presidente Porras, quien visionó nuestra identidad a través de las construcciones que se dieron mientras se terminaba la magna obra del Canal y se creaba en paralelo The Panama Canal Zone, hacia los años 20 y posteriores décadas. La visión de una gran plaza rodeada de las principales instituciones civiles, fuera de la ciudadela que definía el área de Catedral (Casco Viejo), hacia el sector de La Exposición (Calidonia), para dar a conocer al mundo la nueva República, siendo la arquitectura la manera visible de hacer dicha presentación. Esta visión incluyó en los “anillos externos” la primera escuela de alto nivel (el Nido de Águilas) hasta un gran edificio para la salud, al servicio de todo el país, proyecto que le valió varias represalias de sus detractores, al ser el Hospital Santo Tomás un “elefante blanco” sobredimensionado y sobrecosteado.
La historia ha demostrado que esa visión probablemente fue la más representativa de una nueva República mirando hacia el modernismo y definiendo sus zonas de desarrollo urbano, tales como fueron sucediendo: el área bancaria, las zonas industriales, entre otros, con sus aciertos y desaciertos, como ocurre con muchos líderes de la historia que, dispuestos a pagar el precio, ejercen su poder y autoridad pagando con su puesto, como le ocurrió, por ejemplo, al alcalde de Nueva York hace más de 100 años, pagando con su no reelección y encarcelado por el planeamiento y trazado de calles y avenidas que destruyendo el trazado original en una ciudad que mantiene su concepto inicial y maneja actualmente más de 8 millones de transeúntes de forma fluida.
La oportunidad de un nuevo ferrocarril que va a unir las principales ciudades y pueblos del occidente con la región metropolitana de nuestro país, vuelve a poner en perspectiva nuestro desarrollo como Nación, en unidad, como clave de aquella visión que tuvieron nuestros fundadores de la República hasta hoy día para proyectarnos hacia nuestro siguiente quinquenio. Imagínense que desde ya, y solo con el estudio de factibilidad, se están dando a conocer pueblos y comunidades que ni siquiera se veían en el Mapa de Desarrollo Turístico Regional usado en los últimos 12 años.
La visión es lo que hace la diferencia ante cualquier proyecto, por muy pequeño o ambicioso que sea, para un pueblo que carga todavía con una deuda social en lo que a educación se refiere y otros temas, pero con un gran corazón para que mejores días vengan para todos los que amamos esta tierra istmeña.
El autor es es arquitecto con un MBA en Desarrollo de Negocios