La “trumpada” envió al suelo a senadores republicanos y a la meritoria contrincante, que desde adentro y desde afuera la veían ganando, y sobrada.
Los más poderosos senadores llegaron a exigirle al candidato retirarse del combate, consejo que consideró sin el más mínimo valor, pues venía de quienes él había derrotado en la contienda de los aspirantes.
La clase política de Estados Unidos, republicana, demócrata, independiente, ha sido humillada por un improvisado político cuyo mensaje fue “ustedes no sirven”. Es más, pienso que la “trumpada” pudo ser más demoledora si hubiese dicho y prometido más barbaridades.
Otra sorpresa es la muchedumbre que está en la calle gritando que el ganador no es su presidente. (Avísenles que en Panamá pueden tomar un curso sobre cerrar calles). Parece que esa muchedumbre dormía el sueño americano y de pronto despertó y vio la realidad que vive y le espera. Este suceso electoral (esta es otra materia, contar votos, que le puede ofrecer Panamá) lo analizó mi colega académico Mario Galindo, demostrando cuán absurdo es el sistema vigente. Las noticias nos están mostrando una sociedad que ya se le ve los granos de marca.
Aunque no suena muy decente, en el lenguaje popular, que siempre contiene mucha sabiduría, hay una expresión que retrata de cuerpo entero y a todo color a los encuestadores y sus agencias: “los cogieron con los pantalones abajo”. Se acabó la infalibilidad de los “pitonisos”.
Lo cierto es que hay un susto general que ya llega a pánico, como se ve en el afiche de la película King Kong. Los politólogos y los analistas siguen gastando cuartillas y horas en los micrófonos y pantallas, “explicando” qué pasó, más buscando exhibicionismo que la verdad. El colmo es que ahora responsabilizan de la derrota a los negros por no ir a votar, lo que confirma que la soga no se revienta cuando el pescuezo es de un negro. Recordemos las palabras de la vieja mora, la que le dijo a su hijo: “No llores lo que no supiste defender como demócrata”.