[LIBERTADES Y DERECHOS HUMANOS]

La Feria del Libro en La Habana

Parece increíble que se celebre al ‘libro’, vehículo de cultura, libertad de opiniones, creaciones y pensamientos, en el territorio donde un régimen autoritario reprime la libertad de expresión.

A mí no me extraña que Raúl Sendic visite Cuba con regularidad; es un alumno al que Fidel Castro dedicó muchas horas de aleccionamiento cuando vivió allí. Claro, era el hijo del líder de la revolución, terrorismo, en Uruguay; un movimiento estimulado, fomentado y financiado por la dictadura de los Castro.

No bien fue electo vicepresidente, viajó varios días a Cuba, seguramente a ofrecerle a su “padrino” ideológico el éxito obtenido y el lugar alcanzado a un paso de la Presidencia. Por tanto, el que haya viajado, cuando en Montevideo se analiza su gestión como presidente de la empresa pública de mayor facturación –Ancap– no debe extrañar. Para él es más importante ir a La Habana que quedarse aquí donde le correspondería estar.

Tampoco me extraña que Danilo Astori lo haya acompañado en esta instancia; seguramente fue a recibir el agradecimiento de los hermanos Castro por la condonación de la deuda de $50 millones que nunca pagaron por la compra de alimentos, algo muy parecido al escándalo de la compra de alimentos que no paga Venezuela. Astori, seguramente, se cubrirá de honores gracias a un esfuerzo fiscal hecho por todos los uruguayos, porque la deuda que perdonaron alguien la paga y es el dinero público.

De ninguna de estas personas espero que en este viaje salga una mínima queja, demanda, comentario, aunque benevolente con el régimen, relativo a la falta de libertades, violación de los derechos humanos, el derecho de asociación y de reunión, y la inexistencia de una prensa libre e independiente en la Cuba que admiran. Quizás Sendic y Astori crean sinceramente que los cubanos son seres humanos de segunda que deben soportar un experimento autoritario sin derecho a cuestionarlo, y quizás entiendan que “algún día” lo lograrán cuando a la dinastía de los Castro se le ocurra hacerlo o cuando ellos y sus descendientes desaparezcan de la faz de esta tierra.

Sendic y Astori visitan Cuba en el marco de una Feria Internacional del Libro, aunque parece increíble que se celebre al “libro”, vehículo de cultura, libertad de opiniones, creaciones y pensamientos en el territorio donde un régimen autoritario, con más de medio siglo de antigüedad, reprime severamente la libertad de expresión, censura libros, periódicos y todo tipo de comunicación libre. En Cuba han encarcelado a ciudadanos bajo el rótulo de “comportamiento predelictivo” porque leían con regularidad en las plazas de sus pueblos la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

A Sendic y Astori los acompaña una larga nómina de compatriotas escritores, músicos, cineastas; en fin, gente de la cultura con natural vinculación temática con una feria de libros. Algunos de ellos militantes incondicionales de las causas castristas e insensibles conocedores de los procedimientos violatorios contra los derechos humanos del régimen cubano, como el cantautor Daniel Viglietti, que no denuncia ni los reclama, quizás porque como Sendic y Astori creen que los cubanos son conejillos de Indias sin derechos comunes, como sí los tiene el resto de los seres humanos. En la larga nómina de acompañantes de Sendic a Cuba hay nombres de personas que no se han identificado públicamente con la “defensa de la revolución” y, en algunos casos, personas que conozco que profesan claras posiciones contrarias.

De ellos espero que al menos expresen, en cualquier circunstancia, un reclamo digno que demuestre respeto por los cubanos, para que en aquel país se restablezcan lo antes posible las reglas democráticas, el respeto a los derechos humanos y la protección a las libertades. Es lo menos que pueden hacer quienes tienen el derecho del que carecen los cubanos: El de salir libremente de su país, el de expresarse libremente a través de las artes, el de aborrecer la censura, el de poder practicar su arte con absoluta libertad, como merece cualquier ser humano. Libertad sin la cual la creación está castrada y termina siendo un ejercicio práctico engañoso.


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