A pocos meses para las elecciones generales a efectuarse en el año 2019, el país en su conjunto se encuentra perturbado, producto de las desacertadas políticas públicas del gobierno, que en la actualidad ha perdido estima social.
No hay momento alguno, sin la expresión manifiesta de distintos sectores de la sociedad panameña, que hacen justos reclamos, ante una dirección política gubernamental esquinada y sin coherencia. A juicio nuestro -el gobierno- actúa por inercia con el método del ensayo y error, esperando un impulso que no llega.
Ante un panorama desolador y desalentador, la política eleccionaria comienza a carburar con el aprovechamiento de la turbulencia, procurando sacar ventaja en un escenario tipo feria libre, en donde se ofrece de todo a todos a un muy bajo precio, con consecuencias perniciosas.
Hasta el momento, siete partidos políticos debidamente constituidos están en el ruedo. Tal vez, muchos en un pequeño país que no supera los 4 millones de habitantes y en donde según cifras oficiales hay 1 millón 428 mil 987 inscritos en esas organizaciones partidarias.
La tesis de que las democracias tienen sustento en los partidos políticos, lo cual puede ser legítimo, no puede ni debe ser tenido como un instrumento para alcanzar el poder y el aprovechamiento de sus beneficios, sino para ser canales de opinión con adecuadas propuestas de gobierno y con ideologías bien definidas.
El problema en la cantidad de ellos, muchos estructurados para el negocio político encuentra agravantes por la pobre calidad que expresan por medio de sus dirigencias cuyo papel fundamental ha sido el hacerse de bases de apoyo concebidas como una herramienta mercantil.
El proyecto de gobierno y la presentación ideológica son simplemente cumplidos y conviene para sus propósitos abrir espacios a todo tipo de oferta electoral. La cantidad de las propuestas como precandidatos, que es excesiva, no ofrece ningún atractivo al electorado.
En muchos casos, es más de lo mismo. Desde luego, quienes estuvieron, sin haber dejado una hoja al menos aceptable de realizaciones proponen mantenerse. Y, también bastante de los que aspiran a entrar en el escenario político no han mostrado ni demostrado nada que los haga merecedores de una oportunidad.
Y si a ello, se le agrega la fiesta libre desatada con las candidaturas independientes, que de ello poco o nada tienen, puesto que por ejemplo gran parte de los firmantes para esas precandidaturas independientes provienen de inscritos en partidos políticos, estamos ante una farsa electoral.
Las propuestas de “precandidaturas independientes” que para la presidencia son aproximadamente 25, son usadas como un pretexto, puesto que los partidos políticos, que parecieran estar lastimados con poca credibilidad, no sirven a sus intereses. Muy en el fondo no hay nada serio. Con el discurso encubierto de distancia de los partidos políticos, construyen una cobija con la “independencia”, en un asunto altamente demagógico.
Entonces las elecciones generales de 2019, constituida ya en una feria libre encuentra un entorno hecho para dar paso a la mediocridad (con algunas excepciones), a la chabacanería y a lo que llamo lo insulso.
Los precandidatos -en su mayoría- que proliferan como hongos, llámense independientes o de partidos políticos no son garantía de nada. Las elecciones del año 2019 simplemente son unas ferias libres.
El autor es docente universitario.
