Francia ha ganado protagonismo en Europa durante la gestión de la crisis griega y se siente con autoridad para liderar los profundos cambios necesarios en la zona euro. Asesores del presidente François Hollande aseguran que en otoño París formará una vanguardia, un grupo de países –“los que quieran ir más lejos”– para consensuar medidas hacia una unión fiscal y social. Incluyen un salario mínimo y un impuesto de sociedades armonizado. Convencida de que la unión monetaria es inviable sin unión económica, París quiere frenar las divergencias en la eurozona. Ya negocia esos cambios con Alemania.
Hollande ha reiterado que la zona euro debe tener un gobierno económico propio –con un comisario al frente–, un presupuesto –para poder gestionar inversiones de gran calado– y un Parlamento –para democratizar las decisiones–. Ha sido la señal pública de que Francia toma las riendas de la transformación de la eurozona, cuyas carencias la han llevado al borde del abismo por la crisis griega.
Uno de los principales asesores de Hollande insiste: “No se trata de liderar por liderar”, sino de tener la capacidad de hacer propuestas. “Hollande tiene la voluntad y Francia, la capacidad de hacerlo”. El diputado socialista Philip Cordery, responsable en el Partido Socialista francés de asuntos europeos, comenta por teléfono que Francia “quiere ahora hacer valer sus puntos de vista” tras una década desaparecida de la primera línea europea por el trauma del no en el referendo de 2005 sobre la malograda Constitución europea.
Clement Beaune, asesor del Ministerio de Economía para asuntos europeos, precisa que París concretará sus propuestas en septiembre y que, después, las consensuará con Berlín. Alemania no puede tomar ese liderazgo porque la crisis griega la ha dejado “muy tocada” ante la opinión pública europea, coinciden las fuentes consultadas.
Posteriormente, se crearía esa “vanguardia”. “El trabajo ya ha comenzado”, asegura Beaune, quien considera que España e Italia deben estar en ese grupo. Cuenta que el ministro de Economía, Manuel Macron, ya ha hablado con homólogos italianos y españoles. El 10 de julio lo hizo en Madrid con Luis de Guindos y José Manuel Soria. París sostiene que en el grupo acabarán estando los seis fundadores de la UE.
En el Elíseo explican así la situación: “Desde que se creó la moneda única, las economías de la zona euro han divergido; si el crecimiento y, sobre todo, el crecimiento potencial, es tan diferente en unos y otros países, habrá una implosión”.
En busca de una convergencia fiscal y social, Hollande y su Ejecutivo proponen un salario mínimo similar y un impuesto de sociedades armonizado para evitar el actual “dumping fiscal y social”, como denuncia Macron. Defienden la creación de un Fondo Monetario Europeo como “instrumento de intervención rápida y de solidaridad”, dice el ministro. Y la unión bancaria real, más allá de la actual supervisión centralizada de los bancos, con garantías de depósitos y mecanismos para afrontar fugas de capitales. O un seguro complementario de desempleo. Y, obviamente, una política económica común con mayores poderes para la Comisión Europea.