[SOCIEDAD]

Habla, pero escucha

A veces nos guardamos para nosotros comentarios o situaciones que no nos agradan. Dejamos conversaciones pendientes porque nos provocan malestar y nos llevan a que evitemos y distanciemos de esa persona. Expresar cómo nos sentimos ayuda a mejorar las relaciones.

Sentir frustración hace más difícil establecer una conversación. Si hay tensión entre los interlocutores producirá actitudes defensivas. Es frecuente el uso de quejas para disfrazar peticiones; crear malestar en vez de decir lo que pensamos. “En lugar de decir ‘ya no me quieres. No te importo. Ya no te apetece estar conmigo. Nunca tienes tiempo para prestarme atención’, plantearlo así, ‘últimamente te veo poco, pasas muchos días fuera y, cuando estás aquí, llegas siempre muy tarde. Me gustaría tener más tiempo para compartir, para expresar lo que sentimos, para escucharnos y estar juntos”, cuenta Miriam Subirana, fundadora y directora del Instituto Diálogos e Indagación Apreciativa.

Estar disponibles para hablar y aclarar las conversaciones pendientes crea una situación más agradable y reduce la tensión. Además, si una persona plantea una queja a otra es porque la considera importante; a quien no le interesa no se preocupa por si hay un malentendido o no. “Reaccionar a la defensiva rompe el vínculo entre las personas, por eso cuando nos comentan una queja o sugerencia debemos plantearnos ¿qué quiere la otra persona? ¿Qué necesidad encubierta existe?”, explica Subirana.

La frase popular de “hablando se entiende la gente” no siempre es efectiva. Las redes sociales y las nuevas tecnologías llevan a malinterpretar los mensajes porque no podemos percibir los gestos, las posturas o el lenguaje no verbal. Tienes un mal día, un amigo te hace una broma a través de un mensaje en el Whatsapp y como no ves su cara crees que habla en serio.

Si el comportamiento de una persona no nos hace sentir bien no tengo que obligarle a cambiarlo, sino explicar cómo me influye, pero no culpabilizarlo. Utilizar las palabras adecuadas “no comprendo por qué actúas así y me gustaría entender mejor tu intención”. Escuchar y entender la perspectiva del otro son la base de las relaciones interpersonales, porque no todos pensamos igual.

Para Miriam Subirana existen dos tipos de conversaciones: con espiral ascendente cuando hablamos de deseos y anhelos; tras ello nos sentimos más liberados. Al contrario de las conversaciones con espiral descendente donde notamos tristeza, rabia; como consecuencia, el vínculo se debilita. Plantear preguntas como “¿qué aprendemos de esta situación?”, ayudan a evitar conversaciones dañinas.

Igual que a nosotros nos gusta que se nos escuche, también tenemos que saber escuchar a los demás para fortalecer los vínculos. No dar nada por supuesto, pero sí darle tiempo y espacio al otro para evitar conflictos.


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