ACTITUDES DOCENTES

Hipocresía y frustración en la educación panameña

A solo semanas de el inicio de un nuevo año escolar, entramos oficialmente en la época de las frustraciones y desesperanzas educativas. ¿Por qué tanto negativismo si ni quisiera ha empezado el año lectivo? Porque no es necesario ser adivino para darse cuenta de que vamos a encontrar el mismo panorama de todos los años: escuelas deterioradas, sin construir, sin docentes, sin seguridad, y peor aún, sin estudiantes. Mientras tanto, la dirigencia magisterial y los feudos educativos van a seguir exprimiendo los recursos del multimillonario presupuesto del Ministerio de Educación (Meduca) sin ningún resultado positivo tangible.

No es posible que tengamos a jóvenes engañados con la idea de que van a ser educados a un buen nivel, si los propios directivos y docentes son presa de un grupo de manipuladores, dentro y fuera de sus centros educativos. De nada sirve tener un Ministerio de Educación “invirtiendo” en “capacitaciones” docentes que no reportan logros ni metas. Por ejemplo, en entrevista a Telemetro Reporta (6 de febrero de 2019), la exministra Lucy Molinar denunció que la dirigencia magisterial recibió, en esta administración, “más de 5 millones en viáticos y viajes al exterior”. La exministra Molinar también dijo que debemos de dejar la hipocresía que tanto se ve en los llamados “diálogos por la educación” y las múltiples propuestas para mejorar la educación panameña, ya que es la misma dirigencia la que obstruye el progreso educativo porque solo busca mantenerse en su zona de confort, con buenos salarios y sin evaluaciones de desempeño docente verdaderamente confiables. Estas son acusaciones muy serias que conllevan hasta sanciones penales si se confirma el mal uso de los fondos del Estado.

En consecuencia, aquellos que han trabajado para avanzar y lograr metas puntuales, se estrellan contra la pared de la indiferencia, la ignorancia y el clientelismo. Por un lado, tenemos la masa estudiantil que cada año entra a un período escolar con la ilusión de seguir avanzando en sus estudios. Pero por otro lado, está un sistema educativo estancado en muchos aspectos técnicos y docentes que no hacen posible el buen rendimiento estudiantil. Ahora, y para colmo de males, hay muchos padres de familia que tienen a sus hijos como una fuente de ingreso con los pagos de la beca universal con solo presentar que sus acudidos aprueban materias con un promedio mínimo. Entonces, ¿cómo se incentiva una mejor educación si el estudiante se condiciona a dar el menor esfuerzo? No me extrañaría enterarme de que exista hasta tráfico de influencias para alterar calificaciones a cambio de un promedio bajo, pero suficiente para obtener un subsidio. ¿No les parece frustrante que este subsidio sea un instrumento más para fomentar la mediocridad?

Es también frustrante el sentir de los estudiantes que obtienen becas y no se las pagan por algunas diferencias con la Contraloría o el agente a cargo de otorgarlas. Si las condiciones de una beca no son claramente estipuladas, el estudiante que logre obtenerla va a enfrentar un largo camino de reclamos y sinsabores. Ya esto raya en la crueldad contra los estudiantes que desean superarse por sus propios méritos. Y si es así, ¿cómo vamos a motivar a un estudiante a esforzarse si ni con buenas calificaciones puede lograr sus metas?

Erradicar todos los males educativos que padecemos parece una verdadera utopía. Acabar con las malas prácticas, la falta de recursos, las prácticas clientelistas y las influencias negativas dentro y fuera del sistema educativo es una labor de todos y para todos. De lo contrario, seguiremos con el mismo sistema educativo que solo promete y no cumple, pero que pretende obtener resultados inalcanzables. Tristemente, seguiremos engañando a nuestros estudiantes y comprometiendo el futuro de nuestro país.

La autora es docente universitaria

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