La trascendencia de lo que ocurre en la Corte Suprema de Justicia no es poca cosa. Se trata de acusaciones serias, sustentadas, que no pueden pasar inadvertidas para los candidatos presidenciales, pues tendrán que hacerle frente, a menos que quieran y puedan vivir en la inmundicia de la corrupción. Oydén Ortega, uno de los magistrados acusados en la venta de fallos, al momento de ser investido magistrado por el entonces presidente Martín Torrijos, en 2008, dijo: “No puede existir una Corte en la que se vendan fallos”. Es decir, sabía que se vendían sentencias en la Corte, pero el sistema parece haberlo vencido y absorbido. A Laurentino Cortizo –el candidato presidencial con mayor simpatía en estos momentos– el tema parece no despertarle mayor interés. Su opinión escueta y sin sentido es prueba palpable de ello. Y, aún así, la dirigencia de su partido pretende nombrar a siete de nueve magistrados si obtiene la victoria en las próximas elecciones. Señor Cortizo, estos son temas de Estado, incómodos, sí, porque es gente de su partido, pero si gana los comicios, gobernará al país, no a su colectivo político. Pero si desde ahora actúa así, es fácil vislumbrar quiénes serán prioridad en su gobierno.
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19 nov 2018 - 05:00 AM