Hoy por hoy

El panorama actual de la Caja de Seguro Social evoca cualquier cosa, menos seguridad. Enfrenta una inexcusable falta de medicamentos; somete a los asegurados a esperas casi interminables por las citas médicas; las historias ligadas a sus licitaciones son de terror; y su mora quirúrgica podría ganar un campeonato. Parece que, con excepción del todavía director general de esa institución, todos los panameños la asociamos con el desgreño que evidentemente la amenaza. Su presupuesto de funcionamiento e inversión, de más de $4 mil 438 millones para el año 2019, no fue suficiente para que tuvieran el decoro de presentarnos estados financieros auditados –los últimos se remontan a 2017– y, menos aún, los estudios actuariales indispensables para definir la sostenibilidad del sistema definido del programa Invalidez, Vejez y Muerte (IVM). La junta directiva de la CSS debió designar una terna de la que se escogería la persona que enfrentará esos desafíos al frente de la institución en los próximos cinco años. En cambio, envió al Ejecutivo las hojas de vida de los 17 candidatos al puesto para que este les haga también esa parte del trabajo. Qué difícil es separar en esa conducta a la negligencia de la irresponsabilidad.

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