Me toca repetir. Por mutuo acuerdo con Xavier, esta semana le bateo de emergente, cambiando la dinámica tradicional. Las próximas dos semanas, le tocarán a él. Como lo conozco, y sé bien lo poco amigo que es del autobombo, aprovecho para felicitarlo por la medalla William Gorgas que le otorgaron por su trayectoria como investigador clínico. Premio que, me consta, comparte con un excelente equipo de investigadores que ha conformado y liderado, para poner a Panamá en la brújula de la investigación clínica de primer nivel mundial. Ahora, se encuentra en misión familiar-académica por Estados Unidos, y entiendo que luego irá a Barcelona a ver si les consigue un reemplazo para Neymar Jr., a quien parece sus queridos culés echarán mucho de menos. Después, tiene programada una audiencia privada con Pancho Primero en el Vaticano. Será interesante ver quién convierte a quién…
El martes, nos enteramos que habría una cadena nacional de televisión, en la cual el presidente nos daría un importante mensaje. Así, puntualmente a las 7:00, nos sentamos frente a la televisión, libreta y pluma en mano, para apuntar los nombres de la lista más esperada de la historia republicana. La otra opción es que fuera un informe de cómo van los preparativos para el festival de rezos de 2019. Pero ni uno ni lo otro. Al comenzar la transmisión, una muy bien lograda animación visual, auguraba algo impactante (y con lo mal que habla la gente de los responsables de la comunicación del Gobierno). Un impecable podio azul marino con el escudo nacional, la bandera a la derecha y la lectura del teleprompter correspondiente, no demoraron en quitarnos el entusiasmo. No habría listas ni rezos.

El tema, si bien relevante, no estoy muy seguro de que ameritaba tanto suspenso. Pero bueno, esto de las comunicaciones y los “porcentajes de aprobación” de repente lo justificaban.
En un mensaje muy bien coreografiado, se anunció el requisito de exigir visa estampada a los venezolanos que viajen a Panamá después del 1 de octubre. Sin duda, el tema migratorio debe regularizarse. Es vital verificar quiénes vienen a instalarse a nuestro país, y con qué intenciones. Una adecuada investigación de cada persona es necesaria no solo para los venezolanos, sino para todos los que vengan al país. Sin embargo, en el mensaje presidencial, quedaron algunos puntos sueltos, que no terminé de entender. No me quedó muy claro qué tipo de visado se les emitirá. Si es una visa de inversionista, de turista o de venezolano, y qué deberes y derechos generará. Además, se mencionó una inmigración de 60 mil venezolanos en los últimos seis años. Según las palabras del presidente, un censo reciente identificó a 25 mil, a quienes se les regularizaría su condición migratoria. Lo que no me balancea, es que en esa matemática se extraviaron 35 mil, de quienes no se dijo nada. Confío en que estos detalles ya han sido tomados en cuenta, igual que las precauciones para no tener una avalancha migratoria durante los próximos 30 días hasta que entre en vigencia la medida. Ojalá el nuevo requisito no se vaya a convertir en un trámite que se limite a pagar 50 dólares para obtener un permiso. La situación en Venezuela no perfila una salida racional en el horizonte. Maduro está empoderado por el Ejército, mientras que la oposición muestra una división que recuerda las mismas razones que engendraron el chavismo. Visto así, es poco el optimismo que pueda generarse.
En Panamá, siguen los transportistas (léase mafia del transporte) pataleando contra las plataformas digitales que tienen en Uber su buque insignia. Los argumentos de los taxistas se basan en que ellos tienen que cumplir una serie de requisitos, y que estas plataformas digitales, al no estar sometidas a las mismas condiciones, las convierte en “competencia desleal”. Leído así, suena racional. Pero lo que no parecen entender los señores de los carritos amarillos, es que su enemigo no es Uber ni Cabify.

Su peor enemigo son ellos mismos. Mientras sigan con el servicio deplorable a que nos tienen acostumbrados, los usuarios siempre le darán la razón a quienes hagan las cosas de otra manera. Porque estos servicios, basados en la comunicación digital, están aquí para quedarse. Si no, que le pregunten a las agencias de viajes que no se reinventaron, y que desaparecieron desplazadas por los servicios de reservaciones online. El éxito de Uber se basa en su modelo de negocio, y los taxistas no lo han adoptado (como ya pasa en Europa y Estados Unidos). La gente pide su transporte desde el teléfono inteligente, recibe una notificación con el nombre y la foto del chofer, el modelo, color y placa del carro que lo recogerá, en cuánto tiempo llegará, y lo que costará el viaje. Así, llega un carro en buenas condiciones, con un conductor que trata de ser amable, pues se le “calificará” su servicio. El viaje sigue una ruta predeterminada que puede seguirse en el teléfono y, al llegar, se hace un cargo directo a la tarjeta de crédito sin que medie una transacción en efectivo. Como que no es difícil entender por qué la gente prefiere esto a la anarquía de los “taxis amarillos”. Esperemos que el Gobierno no ceda a las presiones políticas de estos facinerosos, que nunca han aceptado siquiera los taxímetros, para poder seguir haciendo lo que les da la gana.
Y mientras todo esto pasa, el “agente naranja” sigue generando crisis desde la Casa Blanca. Cuando no es un discurso desbocado apoyando a los neonazis, es un despido, una amenaza o una renuncia.

Este tipo es tan impredecible que cada vez más gente, hasta de su partido, se distancia de sus locuras. Mientras, Mike Pence sonríe, dejando ver cómo le gotean los colmillos…
El autor es cardiólogo
