La primera encíclica del papa Francisco alude al anhídrido carbónico, las energías renovables, los fertilizantes y detergentes que dañan los ríos, los corredores biológicos, la privatización del agua... Es, en definitiva, una encíclica cargada de argumentos científicos en la que el máximo responsable de la Iglesia católica abraza las evidencias sobre la vinculación entre el calentamiento global y el hombre.
“Hay un consenso científico muy consistente”, escribe el Pontífice, “que indica que nos encontramos ante un preocupante calentamiento”. “Es verdad que hay otros factores (...), pero numerosos estudios científicos señalan que la mayor parte del calentamiento global de las últimas décadas se debe a la gran concentración de gases de efecto invernadero (...) emitidos sobre todo a causa de la actividad humana”, apunta Francisco, que arrincona así a los negacionistas del cambio climático.
El texto contiene “un mensaje muy importante que advierte de que el hombre está transformando el planeta y de que existen evidencias científicas”, considera José Manuel Moreno, miembro del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, en sus siglas en inglés) de la ONU.
Este grupo presentó a finales de 2014 su quinto informe de situación, en el que participaron más de 800 científicos. Concluía que “las emisiones de gases de efecto invernadero y otros impulsores antropógenos han sido la causa dominante del calentamiento observado desde mediados del siglo XX”. Y apuntaba a que los efectos ya se notan en todo el planeta. “Parecen advertirse síntomas de un punto de quiebre”, sostiene ahora el Papa, que “se manifiestan tanto en catástrofes naturales regionales como en crisis sociales o incluso financieras”.
La encíclica señala hacia la raíz del problema: un “desarrollo basado en el uso intensivo de combustibles fósiles”. Y apunta a una meta: “la tecnología basada en combustibles fósiles muy contaminantes (...) necesita ser reemplazada progresivamente y sin demora”. Pero Bergoglio da un paso más al vincular el cambio climático con los problemas de pobreza de los países menos desarrollados. Moreno valora esta unión entre problemas medioambientales y pobreza.
La encíclica se publica cuando el debate sobre el calentamiento está más presente, ya que París acogerá a finales de año la cumbre internacional en la que se deberá aprobar el nuevo protocolo de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero a aplicar a partir de 2020. “Las cumbres mundiales sobre el ambiente de los últimos años no respondieron a las expectativas porque, por falta de decisión política, no alcanzaron acuerdos ambientales globales realmente significativos y eficaces”, recrimina el Papa. Recoge un sentir que parece mayoritario. Un reciente sondeo a 10 mil personas en 75 países apuntaba a que más del 70% de los encuestados considera que las negociaciones de la ONU no han hecho lo suficiente hasta ahora para luchar contra la subida de la temperatura en el planeta.
Bergoglio sostiene que hay “responsabilidades diversificadas” y que los países desarrollados deben limitar el uso de las energías no renovables y aportar “recursos a los países más necesitados”. Se adentra así en uno de los debates de la cumbre de París: la petición de los países en desarrollo de que las economías más ricas les ayuden a luchar contra el fenómeno.