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RESPONSABILIDAD EQUITATIVA

Igualdad en las aulas

Tuve mi primera amonestación en octavo grado. Era la clase de Familia y Desarrollo Comunitario. Se nos pidió preparar una comida a cada grupo. Mi profesora, nos advirtió: “con las niñas voy a ser más estricta calificando, porque todas deberían saber cocinar para cuando se casen y tengan hijos”.

Sin pensarlo, respondí: “Yo no vengo a la escuela a aprender a cocinar para ningún hombre, vengo a estudiar”. Solo recuerdo lo indignada que me sentí al salir de la dirección, con una amonestación escrita por “irrespeto a los profesores”.

Crecí en una casa donde a mis hermanas y a mí nos regalaban carritos de juguete y legos, muñecas con profesiones como doctoras o veterinarias. Saber cocinar era una necesidad tanto para hombres como para mujeres. Fue devastador que alguien que debía ser mi guía, me castigara por decir la verdad.

Un incidente así parece insignificante. No lo es. Si analizamos nuestras escuelas oficiales, las niñas usan faldas en edades en las que corren y juegan. A las adolescentes, las señalamos por embarazos cuando no dedicamos tiempo a educarlas para planificar una vida con metas y sueños propios, y no aquello que la sociedad espera de ellas. Culpamos a las niñas por sus acciones y no pensamos en que muchas veces no se reconocen sus capacidades intelectuales. Se les impone un rol social que deben cumplir como madre, pareja e hija.

Se siembra la semilla de la duda y de la falta de seguridad en cada una. Se fabrica la necesidad de ser perfectas y bonitas, y no la de ser valientes o capaces. Urge animar a las niñas a planificar sus vidas y a explorar y potenciar sus talentos. Necesitamos formar niñas que se conviertan en mujeres atrevidas y decididas a conquistar el mundo.

Una educación en igualdad de oportunidades no les dice a las niñas que es malo querer; les enseña a quererse a ellas mismas para que tengan la capacidad de querer a otros. Es impostergable que los profesores de Familia y Desarrollo Comunitario hablen de la responsabilidad equitativa de hombres y mujeres en una familia. No hay roles específicos. Debe primar la búsqueda de la realización personal y de la solución de problemas reales.

Necesitamos más educadores que dejen atrás la concepción tradicional que hay profesiones exclusivas para hombres y, otras, para mujeres. El mundo está en constante cambio. Las mujeres requerimo s participar mucho más en la toma de decisiones. Para transformar esta realidad, debemos empezar en nuestras aulas.

Si educamos en igualdad y sin patrones sexistas, habrá más panameñas como Clara Gonzáles, Min Chen, Laura Patiño, Carmenza Spadafora o Atheyna Bylon. Si educamos enfocados en el potencial de cada ser humano, formaremos personas. Panamá necesita la mejor versión de cada mujer y hombre. Cambiemos los patrones. Rompamos con las tradiciones. Construyamos un país de igualdad de oportunidades.

La autora es egresada del Laboratorio de Incidencia Ciudadana Jóvenes Unidos por la Educación


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