La audiencia de homologación del jueves pasado tiene paralelos con las declaraciones del coronel Roberto Díaz Herrera años atrás. No dijo nada que el país no se imaginara, pero escuchado de boca de uno de los participantes impactó a la ciudadanía y prendió la mecha de la indignación y produjo el inicio de la Cruzada Civilista, e hizo ingobernable el país para el dictador Manuel Antonio Noriega. Seguía mandando pero perdió toda posibilidad de volver a gobernar, lo que marcó el principio del fin que lo condujo a pasar 30 años en prisión hasta el día de su muerte.
En esta ocasión, la lista detallada de los nombres era imaginada por todos los panameños, pero conocer el detalle por boca del pagador –con pelos y señales y las gigantescas cuantías– fue impactante y profundizó la indignación de la ciudadanía. Conocer ahora que Ricardo Martinelli, aun antes de tomar posesión y mientras andaba pregonando “¡en mi gobierno se podrá meter la pata pero no la mano!”, mandaba a sus hijos a proponerle a Odebrecht coimas “para facilitarle” las cosas y cobrar ¡$50 millones!, o sea.
La comprobación –por confesión de parte– de que su intención desde antes de sentarse en la poltrona era robar sin límites los dineros del pueblo cuyas vidas juró mejorar, y para hacerlo hizo lo peor que puede hacerle un padre a sus hijos recién iniciándose en la vida profesional: les enseñó a robarle al pueblo que juró representar. Y todos los de su círculo que han venido gritando a todo pulmón “persecución política”, que incluso se han atrevido a constituirse en aspirantes a la Presidencia... ¡A robar al por mayor!
¡Todo esto ha sido impactante! Por supuesto que han salido también al por mayor abogados a buscarle la quinta pata al gato. Que si “¿cómo sabemos que Rabello realmente dijo la verdad? o “todo lo que sabía”, “que por qué falta gente”, que “por qué no mencionó a Varela”, que si la “leguleyada A, B, Y o Z”. “Que cuidado se cae el caso” y un larguísimo etcétera.
La cosa es sencilla: Rabello era el jefe de la operación criminal Odebrecht en Panamá. Era quien decidía a quién coimeaba y por cuanto. Todas las coimas pasaban por un “Departamento de Operaciones Estructuradas” (el “Departamento de Coimas”) donde se hacían solo pagos “no contabilizados”–vía unas cuentas de sociedades conocidas en el Credicorp Bank–.
Él confesó a quién, los montos, con qué cheques, depositados en cuáles bancos, con fechas, nombres y montos. Esto no es una acusación; es una confesión de parte con pruebas documentales claras. Y ¿por qué lo dijo Rabello? Porque su jefe fue condenado a 18 años de cárcel y él y sus 77 ejecutivos firmaron un acuerdo de delación según un protocolo estricto y riguroso de Brasil, que especifica que si no dice todo y toda la verdad lo enchirolarán sin retorno por 18 años.
Sencillito: Rabello no puede arriesgar su pellejo jugando jueguitos a la panameña. Hay cuatro patas claritas; no sigan buscando la quinta. Léanse el protocolo brasileño y basta.
Y ahora el ¿y qué? Todo esto tiene que llegar del Ministerio Público al sistema judicial panameño, experto en triquiñuelas técnico-jurídicas para seguir alimentando el cáncer de la impunidad que pone en peligro la democracia y la República (miren a Venezuela como ejemplo de lo que ocurre cuando la impunidad en el sistema judicial a lo largo de muchos gobiernos democráticos destruye la democracia).
La gran pregunta es qué vamos a hacer tú y yo frente a las triquiñuelas del sistema judicial para hacer impunes a estos comprobados ladronazos de los dineros del Estado.
Entre nosotros hay voces ciudadanas y hay otras voces tóxicas. Las tóxicas son aquellas que repiten “aquí no pasa ni pasará nada”, “aquí todos son ladrones”, “no hay solución posible”, “yo no creo en nada ni en nadie”, “esto no tiene remedio”, “todos son la misma vaina”. Estas voces tóxicas son casi anticiudadanas. No hacen ni dejan hacer. En manos de los tóxicos no hay más que apagar la luz y rendirse.
Habemos otros que nos nutrimos de nuestros éxitos como nación: la independencia, el Canal ya nuestro (sin disparar un solo tiro), las leyes del manejo del Canal y su expansión, la Cruzada Civilista. Tenemos todo el espíritu nacional panameño. Todo esto se logró con ciudadanos como tú y como yo que dijimos “¡NO!”.
No seguiremos maltratados por Colombia, ¡no seremos nunca colonia!, ¡no aceptaremos que el Canal siga siendo ajeno!, y ahora no permitiremos que nuestro país sea dominado por ladrones de cuello blanco que le roben los dineros a nuestro pueblo. Simplemente, ¡NO!
Esta es la oportunidad de un antes y un después de la corrupción y la impunidad.
Le decimos al sistema judicial: Ustedes, jueces y magistrados, están jugando con candela. No permitiremos que los ladrones se salgan con la suya ni que ustedes los liberen y nos roben la democracia y la Nación.
Aquí hay una ciudadanía dispuesta a todo si se burlan de nosotros. Tenemos todos la gran motivación de nuestro espíritu panameño, y la certidumbre de que estamos en nuestro camino como Nación.
El autor es fundador del diario ‘La Prensa’.