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JUSTO AROSEMENA

Inmensa y pertinente lección de ‘cursus honorum’ del padre de la nacionalidad panameña

El 9 de agosto se cumple el 201 aniversario del natalicio del más ilustre  de los istmeños –el doctor Justo Arosemena Quezada- bienvenida que tuvo lugar cuando el istmo de Panamá, en virtud de formar parte -unos 72 años- del Virreinato de Nueva Granada, estuvo vinculado a los Estados Unidos de Colombia. Así como de motu proprio y voluntariamente en razón de la primera independencia de la República el 28 de noviembre de 1821, hasta nuestra segunda independencia del 3 de noviembre de 1903 hicimos parte de Colombia, esta última, fecha gloriosa en que nos independizamos definitivamente de la coyunda colombiana.

Sin embargo, la educación oficial y la ideología liberal burguesa deliberadamente han ocultado la brillante carrera política de don Justo Arosemena, hasta reducirlo a un distinguido jurisconsulto. No es nada despreciable dicha distinción, pero el patricio Arosemena fue mucho más que un gran abogado. Fue “padre de la nacionalidad panameña”, aunque tuvo que renunciar a su independencia. Latinoamericanista y antiyanqui. Ideólogo latinoamericano avanzado del liberalismo revolucionario, en referencia a él, dijo Martí: “Cecilio Acosta luego de pergueñar [sic] pergeñar un madrigal, recortar una lira, o atildar un serventesio, abre a Lastarría, relee a Bello, estudia a Arosemena”.

Pero, sobre todo, el doctor Justo Arosemena se distinguió como político avezado, de firmes principios éticos y un honorable servidor de la patria. No fue como lo relata la simplista historiografía oficial panameña, como un diestro político que ocupó numerosos cargos públicos. El Arosemena “oficial” que nos presenta la oligarquía no es más ni menos, uno de nuestros “muertos ilustres”. Esta es una de las tantas tergiversaciones de la verdadera personalidad política de Justo Arosemena,  con ello se ha pretendido ocultar su visión transformadora de la sociedad.

Tampoco es muy común, leer o escuchar los relatos biográficos e intercambios epistolarios de Justo Arosemena que dan cuenta de su acrisolada posición de principios e inmaculada honradez política. La biografía de este ilustre patricio del decimonono, escrita por el “maestro de juventudes”, doctor Octavio Méndez Pereira, nos ilustra gratificantemente de ello. Cuando el doctor Justo Arosemena fue propuesto por la mayoría de las fuerzas y personalidades políticas de la época para que ocupara la Presidencia del Estado de Panamá y la prensa local y colombiana se decantaban mayoritariamente y con los mayores y merecidos elogios políticos por la figura de Justo Arosemena; el presidente Rafael Núñez, a pesar de haber comprometido su neutralidad electoral, en uno de sus tantos actos de birlibirloques políticos se inclinó y maniobró para que saliera electo el “independiente” Juan Manuel Lambert. ¡Ah independientes de hoy!

“¿Por qué se opuso Núñez a la candidatura del Dr. Arosemena? Es fácil explicarlo: El Dr. Arosemena no había de prestarse a los planes que, sin duda, con la división acentuada ya del Partido Liberal y el arrimo de los conservadores a los que aún se conservaban fieles a la Regeneración, se esbozaban ya en su mente y en su corazón, “arcano inescrutable, imagen del océano, laberinto sin límites ni fin”.

Pretendiendo otorgar un “premio de consolación”, como ocurre en la actualidad con la asignación de embajadas, consulados y notarías... Núñez nombró a nuestro ilustre istmeño como secretario de Instrucción Pública, luego de asumir la Presidencia en 1884, esta fue la acrisolada respuesta de don Justo Arosemena, llena de decencia y dignidad política: “Paso por la pena de rehusar la aceptación del empleo que se me ofrece ahora oficialmente, como he rehusado de antemano, de cualquier puesto en el ministerio que se acaba de inaugurar. En dicha correspondencia he manifestado varias veces al ciudadano que hoy preside la República, mis razones que aún subsisten, y que no hay necesidad de repetir aquí, excepto quizás, una que, aunque de carácter transitorio, aún no ha desaparecido: aludo a la elección para presidente del Estado de Panamá, en que he figurado como candidato, y, cuya declaratoria oficial aún no me consta. No estará por demás agregar que sobre el negociado de Instrucción Pública no he tenido ocasión de hacer estudios especiales, tan necesarios para todo  destino que se quiera servir concienzudamente”.

Inmensa y pertinente lección de cursus honorum dada por el doctor Justo Arosemena a los incompetentes y trepadores politicastros de hoy, que desconocen el significado de los vocablos declinar o renunciar a un nombramiento público.

¡Así de sencilla es la cosa!

El autor es abogado y analista político


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