El ébola ha recibido gran parte de la atención en 2014, y ha matado a unas 8 mil personas. En el mismo período, sin embargo, alrededor de 4 millones de personas murieron a causa del sida, tuberculosis y malaria. La verdad es que, a pesar del gran progreso en la atención sanitaria, la mayor parte del mundo es devastada por una enfermedad prevenible, siendo los más pobres quienes más sufren.
Puede sonar insensible establecer las prioridades de la salud con base en la rentabilidad, pero en realidad es la mejor manera de hacer el mayor bien en el mundo con recursos limitados.
Tomemos la tuberculosis. Dos mil millones de personas en todo el mundo llevan la bacteria que lo causa, pero solo 1 de cada 10 desarrollará la enfermedad. La tuberculosis probablemente mató a cerca de 100 millones de personas en el siglo XX, y fue una de las principales causas de muerte antes de que se dispusiera de antibióticos. El éxito de este tratamiento casi la eliminó en los países ricos, pero sigue siendo una enfermedad de los pobres, y mata a alrededor de 1.5 millón cada año. En América, el riesgo de contraerla se redujo dos tercios desde 1990, con 14 mil muertes en 2013. El riesgo global de morir por la enfermedad se redujo en más de un tercio en los últimos 20 años, y desde 1995 se estima que los avances han salvado de la muerte a 37 millones de personas. Sin embargo, nuevos progresos han sido obstaculizados por sistemas de salud débiles, por la pobreza y por las cepas multirresistentes. A pesar del precio que se cobra la enfermedad, solo recibe el 4% del total de la cooperación para el desarrollo gastado en salud, en comparación con el 25% del tratamiento para el VIH.
La tuberculosis puede ser difícil de detectar, especialmente en países con sistemas de salud deficientes, y la Organización Mundial de la Salud recomienda un tratamiento preventivo de drogas que cuestan solo $21 por persona para poblaciones de alto riesgo. Es muy eficaz y, en promedio, puede dar a la gente otros 20 años de vida productiva. Ayudar a casi todos los enfermos tendrá un costo de alrededor de $8 mil millones al año, pero proporcionará beneficios por valor de casi $350 mil millones. Cada dólar que se gasta de esta manera generará $43 dólares en beneficios.
La malaria es otra enfermedad mortal. El 90% de las muertes que causa está en el África subsahariana, y el 77% son niños menores de cinco años. Sin embargo, en América se reportaron 427 mil casos de malaria en 2013, del 1.2 millón que hubo en 2000. Por lejos el tratamiento más eficaz es el uso de una droga llamada artemisinina. Como todos los fármacos utilizados ampliamente, existe el peligro de que los parásitos de la malaria desarrollen resistencia a él, por lo que es fundamental retrasar la resistencia mediante el uso de la artemisinina en combinación con uno o más de otros medicamentos contra la malaria. En total, esto costaría alrededor de $500 millones, pero tendrá beneficios por $20 mil millones, o alrededor de $36 de beneficios por cada dólar gastado.
Pero, ¿qué pasa con el VIH/sida? El tratamiento con medicamentos antirretrovirales ha hecho una enorme diferencia para los infectados con el virus. Sin embargo, la enfermedad sigue causando sufrimiento humano a gran escala en el África subsahariana, donde vive el 70% de la población mundial de personas seropositivas. En todo el mundo, 35 millones viven con el VIH, solo 16 mil viven en Panamá. El equipo que estudia esta enfermedad estima que el uso actual de los antirretrovirales debería ampliarse para llegar a todas aquellas personas con sistemas inmunes debilitados. Esta no es una opción barata, con una demanda de otros $10 mil millones al año, pero alcanzando el 90% del grupo objetivo de pacientes, podría salvar muchas vidas y ser rentable. Con cada dólar gastado se generarían 10 dólares en beneficios (años más de vida).
La circuncisión masculina es un tratamiento que se practica una única vez, y puede reducir la transmisión del VIH a los hombres durante las relaciones sexuales en un 60% y, con cierto retraso, también puede reducir la transmisión a las mujeres. Aunque no es tan eficaz como el tratamiento generalizado de drogas, el costo sería de unos $30 millones anuales, pero proporcionaría beneficios por casi mil millones de dólares por año. Cada dólar gastado retribuiría $28 dólares en beneficios.
En el sector de la salud, estamos complacidos por una gran diversidad de buenos proyectos para elegir y gastar dinero de manera eficiente, y transformar la vida de las personas. Ahora le toca a los gobiernos del mundo ver la evidencia y tomar buenas decisiones sobre las prioridades para los próximos 15 años. La vida de millones de personas depende de eso.
