En el primer gran despliegue de la ofensiva para convencer de las bondades del pacto nuclear con Irán, tres secretarios del gobierno de Barack Obama lo defendieron el jueves en el Senado como la única vía para acotar las ambiciones nucleares de Teherán. El Congreso tiene hasta mediados de septiembre para analizar y votar el acuerdo alcanzado la semana pasada en Viena. El Partido Demócrata de Obama tiene la llave para impedir un rechazo al pacto, que definirá el legado del Presidente y redibujará el tablero geopolítico en Medio Oriente.
Ante los profundos recelos de los legisladores, sobre todo los republicanos, por negociar con un enemigo diplomático, el secretario de Estado, John Kerry, insistió, en una intensa comparecencia en el Comité de Exteriores, en que el acuerdo hace más seguro al mundo, se basa en la opinión de expertos y no existe otra alternativa para impedir que el régimen de los ayatolás desarrolle una bomba atómica.
Kerry y los secretarios de Energía, Ernest Moniz, y del Tesoro, Jack Lew, destacaron el abanico de herramientas del pacto entre los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (EU, Francia, Reino Unido, China y Rusia), Alemania e Irán: la drástica reducción de la capacidad nuclear, una extensa verificación y la reimposición de sanciones en caso de incumplimiento.
Tras reunirse en la víspera en privado con los legisladores, los secretarios –didácticos y realistas– subrayaron que Washington seguirá confrontado a Teherán por sus violaciones de derechos humanos, encarcelamiento de estadounidenses, apoyo a terroristas e injerencias regionales. La suspicacia aleja el deshielo. No se reanudará la relación diplomática, rota desde 1980. La rivalidad militar se mantiene.
Un 48% de estadounidenses rechaza el pacto frente al 38% que lo apoya, según un sondeo. Legisladores republicanos, algunos demócratas, Israel y las monarquías árabes del Pérsico temen que suponga un espaldarazo a Irán y desconfían de que frene sus ambiciones nucleares.
Desde el pasado lunes, los legisladores disponen de 60 días para analizar el acuerdo. En caso de rechazarlo –lo que impediría el levantamiento de algunas sanciones–, Obama lo vetaría. El Congreso, de mayoría republicana, necesitaría el apoyo de dos tercios de ambas Cámaras para anular el veto, lo que parece improbable al requerir de un significativo respaldo demócrata.
En respuesta a los críticos, Kerry consideró una “fantasía” haber aspirado a una “capitulación completa” de Irán que supusiera desmantelar por completo su programa nuclear. Carecer de un pacto o que el Congreso lo anule, adujo, supondría volver “inmediatamente” a la realidad que había al inicio de las negociaciones hace casi dos años: Teherán estaría a entre dos y tres meses de distancia de poder desarrollar una bomba atómica, y sin ningún tipo de inspección.
El argumento de que no hay alternativa enfureció a los republicanos, mientras la mayoría de demócratas sugirió su apoyo al pacto. El debate se presume intenso hasta septiembre.