En una sociedad política de milenaria cultura enraizada en el cristianismo, como la nuestra, el intelectual que olvida la historia se extravía en vericuetos del error. Eso sucede en el plano político con el laicismo y lo religioso. Y la ignorancia es más dañina cuando se trata de profesionales del derecho.
El laicismo radical pretende ignorar que es la Iglesia católica la que introduce la perspectiva laicista en la sociedad política, sobre todo por la participación de los teólogos en el desarrollo del derecho a lo largo de la historia.
En su didáctico discurso sobre los fundamentos del derecho, en el Bundestag (2011), el papa Benedicto XVI señaló que “contrariamente a las otras grandes religiones, el cristianismo nunca ha impuesto al Estado y a la sociedad un derecho revelado. En cambio, se ha remitido a la naturaleza y a la razón como verdaderas fuentes del derecho”.
Este hecho de que la religión cristiana no impone un derecho revelado constituye un poderoso argumento contra el laicismo radical anticristiano.
En su exposición sobre los fundamentos laicos del derecho, propuesto por la Iglesia, el papa recuerda a todos los investigadores honestos de siempre, cómo los teólogos cristianos de entonces se sumaron a un movimiento filosófico y jurídico que se había formado desde el siglo III a.C., y que en la primera mitad del siglo segundo precristiano se produjo un encuentro entre el derecho natural social, desarrollado por los filósofos estoicos y notorios maestros del derecho romano, encuentro del que nació la cultura jurídica occidental.
Las citas que presentamos del papa Benedicto XVI no tenían el propósito de referirse al laicismo, pero refuerzan la verdad de que el laicismo verdadero no es antirreligioso, sino respetuoso de todas las religiones, a las que reconoce como un derecho ciudadano. Es lo que se conoce en la Iglesia como “laicismo sano” (Pío XII). El presidente francés, Nicolás Sarkozy, lo hizo parte de su política durante su mandato (2007-2012).
Decía Juan Pablo II que “bien comprendido, el principio de laicidad pertenece también a la doctrina social de la Iglesia”.
El problema es que no se quiere comprender bien. Los gobiernos antidemocráticos mal interpretan la sentencia de Cristo de “dar al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. Ellos se creen Dios y lo toman todo.
El Diccionario de la RAE dice que laicismo significa independencia del individuo o de la sociedad, y más particularmente del Estado respecto de cualquier organización o confesión religiosa. Además, que “condición de laico” es “independiente de cualquier confesión religiosa”.
En una democracia liberal, como la nuestra, las instituciones religiosas con sus escuelas, universidades, hospitales, orfanatos, casas de ancianos y otros centros especializados, generalmente gratuitos, representan una ayuda económica al Estado laico. Y la colaboración es tanto más valiosa cuanto más libertad se le reconozca a la Iglesia. Esto no parecen entenderlo los laicistas radicales.
El autor es periodista y docente universitario