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HISTORIA

Mitos de la dictadura

Mitos de la dictadura
Mitos de la dictadura

Quienes hoy se alarman, se escandalizan y se indignan frente a la rampante corrupción, la creciente impunidad y la ascendente ineptitud del sector público harían bien en estudiar nuestra historia entre 1968 y 1989. Emprendida con seriedad, esa tarea les revelará fuentes importantes, raíces profundas y antecedentes relevantes de los males que critican.

La autocracia castrense surgió en Panamá para proteger los ingresos que los oficiales de la Guardia Nacional recibían de sus actividades ilegales. Ninguna ideología los motivó; ningún patriotismo los impulsó; ninguna vocación de servicio alentó a los golpistas: actuaron para salvaguardar las coimas y sobornos que estaban habituados a obtener y que la presidencia del Dr. Arnulfo Arias Madrid (1968) amenazaba con descontinuar.

Tan burda inspiración no podía servir públicamente de sustento a un nuevo orden político. Por ello, los principales colaboradores de los militares inventaron una mitología para proveerle alguna legitimidad al sistema autoritario.

El principal mito, difundido a través de la maquinaria propagandística de la tiranía, es que la dictadura surgió para conseguir el canal y recuperar el ejercicio de nuestra soberanía en la zona interoceánica.

No fue el desempeño del régimen militar lo que convenció al gobierno de Washington de la necesidad de traspasarnos la vía acuática y evacuar su zona aledaña. Años antes de que los militares derrocaran al gobierno constitucional, fue la actuación patriótica del pueblo panameño, cuyo momento culminante ocurrió el 9 de enero de 1964, lo que obligó a Estados Unidos a acceder a un nuevo arreglo con Panamá.

En cuanto a los logros del Tratado del Canal de 1977, un análisis comparado revela que sus puntos principales ya habían sido acordados en los proyectos de 1967: la abrogación de la Convención del Canal Ístmico de 1903, el reconocimiento de la soberanía panameña en la Zona del Canal, el establecimiento de una administración conjunta (panameño-estadounidense) durante un período de transición, la entrega del canal a nuestra república el 31 de diciembre de 1999 y la desocupación de las bases militares estadounidenses.

La firma y ratificación del Tratado Torrijos-Carter de Neutralidad debilita el mito de la dictadura “nacionalista”. Este tratado, sin fecha de expiración, involucra a Estados Unidos en el mantenimiento del régimen de neutralidad (Art. IV) y da a sus buques de guerra y naves auxiliares el derecho de tránsito expedito (Art. VI).

De esta manera, desvirtúa el propio principio de neutralidad que dice sostener, respetable tradición de Derecho Internacional que el Dr. Harmodio Arias Madrid estudió a profundidad y aplicó al canal de Panamá en su encomiable disertación rendida en 1911. Además, la condición impuesta al Tratado Torrijos-Carter de Neutralidad por el senador Dennis de Concini en 1978—aceptada por la dictadura militar—concede a Estados Unidos la facultad de emplear los medios que estime convenientes, incluso la fuerza armada, para mantener abierto el canal si, a su juicio, peligra la operación de la vía acuática.

A esta prerrogativa recurrió la administración del presidente George H.W. Bush en su intento por justificar la invasión de 1989. Por ello, los partidarios de la dictadura que se quejan de dicha acción armada deberían reconocer que fue el régimen de su predilección el que dio a Washington argumentos para llevarla a cabo, en detrimento de nuestra integridad nacional y soberanía.

Una indudable “conquista” del régimen castrense fue el fortalecimiento de la Guardia Nacional, a partir de las ayudas y préstamos negociados con Estados Unidos y contenidos en los acuerdos complementarios del Tratado del Canal.

Los créditos y donaciones para entrenamientos y compras de equipos militares contribuyeron a aumentar la capacidad represiva del ejército panameño, dirigida a aplastar a una ciudadanía que, a finales de la década de los ochenta, optó por la resistencia pacífica para luchar por la restauración democrática.

Los mitos de la dictadura sirvieron para legitimar, ante los simples, la permanencia en el poder de una dictadura cuyo objetivo era el enriquecimiento de sus jerarcas. Quienes se preguntan de dónde vienen tanta corrupción, tanta impunidad y tantos desaciertos como padecemos en la actualidad deben examinar cuidadosamente el legado dictatorial y la mitología de la autocracia. Ese ejercicio dará respuestas contundentes a sus inquietud.

El autor es politólogo e historiador y director de la Maestría en Relaciones Internacionales en Florida State University, Panamá.


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