PERFILES MENTALES

Nazis, mafias y corruptos

El artículo lo podría titular: nazis, mafias, maras, narcotraficantes, KKK, patria bolivariana, corruptos y cuantas agrupaciones de personas problemáticas quisiéramos nombrar. Todas son representaciones del mismo fenómeno. Espero que sea obvio lo problemáticas que son estas agrupaciones, pero más obvio espero que sea que las problemáticas en verdad son las personas que las conforman. Sé que varios se impresionan al considerar que, de ser cierto que las personas que conforman las mencionadas agrupaciones tienen problemas mentales -lo cual es mi argumento- los números serían abrumadores. Lo son. Con nuestra Asamblea y demás órganos del Estado pasa igual.

La utilidad evolutiva de la mente es la capacidad que nos otorga para coordinarnos y cooperar a gran nivel. Cualquier obstáculo al desarrollo de esta capacidad de socialización para beneficio de todos constituye un problema mental. La propuesta es tan robusta que varias instituciones científicas europeas muy prestigiosas abordan muchas de nuestras zozobras mentales como problemas de relaciones sociales. Ansiedad, depresión o los varios matices de trastornos de personalidad son abordados como problemas de salud mental en las relaciones. Neurociencias sociales se llama ahora el campo de investigación.

Luego de esta corta explicación sobre salud mental, espero que a muchos les parezca evidente que los nazis, mafiosos o corruptos generaron y generan ambientes de convivencia social absolutamente insostenibles. Igual está pasando con los que controlan el poder en Venezuela, en Nicaragua y a eso mismo nos estamos acercando en Panamá. Quizá de estos fenómenos de masas, el que más ha sido investigado es el de los nazis.

Impresiona que Hitler, quien fue maltratado de niño, lograse, sin mayor educación o mérito, obtener con habilidad macabra los escaños necesarios para controlar el parlamento alemán. Luego, al ser nombrado canciller, desataría una terrible guerra, con toda una nación siguiendo su liderazgo enfermo, pero compartido por muchos otros igual de perturbados que él. Alemania casi entera volcada a una propuesta enferma. Los números son abrumadores. Igual de impactantes resultan las masivas manifestaciones en apoyo a Maduro y su régimen. Igual de asombroso es el submundo que con mucho costo se destapó en Italia y en Estados Unidos, y que estaba bajo el control de una mafia que tenía sus tentáculos metidos en toda la sociedad. Estos números también asombran.

Sabemos que miles conforman las maras y los escuadrones del narcotráfico. Qué no nos asombren entonces los números panameños: decenas de diputados, jueces, magistrados, funcionarios y empresarios que están llevando a nuestro Panamá por la misma perdición. Los corruptos son producto de sus crianzas; por eso vemos a varios familiares en sus planillas y en otros puestos, incluyendo a padres e hijos. Los nazis y los mafiosos también: es transmisión cultural enfermiza, no genética.

La obediencia de la bancada que los acompaña se explica probablemente bajo dos perfiles mentales. Primero, el que ha sido incapaz de desarrollar su propio criterio y tiene su capacidad de reflexión atontada porque se “beneficia” del sistema, por lo que no es capaz de disentir o aportar. En esta categoría se incluyen desde funcionarios de alto nivel hasta las “botellas” de más bajo nivel. En la segunda categoría está el que reflexiona parcialmente, ya que por inseguridad y temor tampoco se atreve a disentir o aportar. La mente de este, aunque en desacuerdo, está preocupada por sobrevivir en un sistema que de confrontar o no obedecer, lo podría flagrantemente perjudicar. De una u otra forma, ambos están sometidos y arrestados en su desarrollo personal.

La obediencia nazi, la obediencia del mafioso que juró silencio y la obediencia al “lineamiento” del partido político son ejemplos del mismo fenómeno: irreflexivos todos por el atontamiento e inseguridad que genera una cúpula traumada, narcisista y antisocial. Necesitamos un gobierno y una sociedad que generen confianza a través de actuaciones transparentes, con motivaciones y propósitos claramente comunicados y de beneficio real, basados en argumentos con fondo y análisis. Una sociedad así permitiría que los individuos que la componen desarrollen con entusiasmo su potencial, lo cual eventualmente beneficiaría a todos.

Finalizo enfatizando que solo si criamos niños en amor y dignidad podremos evitar que, en futuras generaciones, individuos antisociales, narcisistas u obedientemente sometidos vuelvan a aparecer.

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