El pueblo nicaragüense pensó que abril de 2018 sería un mes de gran festejo cultural, porque el día 23, Sergio Ramírez Mercado recibía el Premio Cervantes 2017. Lo que se suponía iba a ser de alegría se transformó en intensa nostalgia para el pueblo.
El pasado lunes 16 de abril, el Gobierno de Nicaragua anunció las nuevas tasas de aportes al seguro social, en las que los empleados pasaban de aportar el 6.25% al 7% de su salario; los empleadores pasaban de pagar el 19% al 22.5% de los salarios de sus trabajadores, y los jubilados ahora tendrían que contribuir con el 5% del monto que reciben como pensión de retiro. Como el presidente y toda su familia son unos millonarios que han estafado a todo el pueblo, no les interesa que sus paisanos vivan en mejores condiciones. Tengo admiración y mucho respeto por los jóvenes que han defendido democráticamente sus derechos, pero el Gobierno ha despertado el llanto y el derramamiento de sangre, y hoy Nicaragua ha sido noticia de tristeza para todo el mundo. Daniel Ortega, como siempre, tomando decisiones ridículas. El pueblo se cansó de su mando totalitario.
El viernes 20 de abril, en un comunicado de prensa, Rosario Murillo, la vicepresidenta inconstitucional, llamó a los críticos que realizaban las protestas “grupos minúsculos y tóxicos”; los calificó como “vampiros que reclaman sangre”. Poco a poco la “dinastía Ortega-Murillo” va cerrando su ciclo. Cada día es notable la debilidad del régimen familiar. La población estaba dormida, por fin despertó del insomnio que estaba viviendo y los universitarios han sido los protagonistas de este sublime hecho histórico.
La cifra de muertos por las protestas contra el gobierno de Daniel Ortega subieron rápidamente de 34 a 63, según la última estimación de la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH). Además, hay 15 personas desaparecidas en el país, más de 400 heridos y más de 115 detenidos.
Nicaragua está de luto. Es lamentable tantas pérdidas humanas de jóvenes que han dado su vida por un futuro próspero de la ciudadanía nicaragüense. Lo que ha sucedido ha sido innecesario. Daniel y Rosario son unos ordinarios, y lo más justo es que ya estén encarcelados por tanto daño que le han causado a miles de nicaragüenses. Despreciables sean para siempre todos los dictadores de todo el mundo, que lo que hacen es producir odio y alimentar pena.
El autor es poeta y escritor