El tema del siglo XXI, podría denominarse como el siglo del caso Odebrecht. No hay noticia radial, televisiva o de prensa escrita que no suscite interrogantes y expresiones comprometedoras en torno a este fenómeno Odebrecht por los amarres comprometedores en diversos Estados y naciones. Conceptúo desde mi óptica, que estos aguajes de millones de dinero que se originaron desde Brasil, tienen otras connotaciones que no se sustraen de la pérdida de los valores humanos y cívicos. En las sociedades del mundo están dadas las condiciones políticas y socioeducativa para ubicar este fenómeno con dimensiones de macro, que roza con la credibilidad y los valores éticos, sociales y morales inherentes al hombre.
Conceptúo que este dislocamiento social no identifica a un determinado grupo social. Ha tocado en el oído de la sociedad en todos los tiempos, en ocasiones con mayor intensidad. Sus orígenes son diversos y se empodera con más fuerza en los grupos de poder. Esta es una realidad que no podemos ocultar. Y como resultado del fenómeno que catalogo como crisis de valores donde están inmersos profesionales y clase media y alta, que apunta hacia las esferas oficiales del gobierno, empresa privada y organizaciones cívicas, se dan las condiciones que ensombrecen las normas y directrices que deben prevalecer como ejemplo de una sociedad que aspira a caminar por senderos libres de eventos que enturbian la vida cotidiana, ensombreciendo sus normas, que deben prevalecer ejemplarmente.
Pero preocupa toda esta maraña que afecta emocionalmente a la niñez, confunden a los jóvenes estudiantes o crea reacciones de odio o venganza, pues se conjuga la familiaridad de los actores y se saturan de vergüenza las instituciones, personas en todos los niveles del espectro social. Entran en juego las coimas, el juega vivo, el pase de sobres y la toalla, falsificaciones y otras expresiones que han desfigurado el habla normal, alimentan las futuras acciones que estremecen la dignidad y la vida normal.
Entra nuevamente en juego entonces aquí, la credibilidad, la honradez, honestidad y otros valores. Y ante este ambiente contaminado e incierto entra el fenómeno Odebrecht con sus complejos tentáculos, que de manera silenciosa y progresiva va acaparando la atención de medianos y altos intereses de la sociedad latinoamericana y otros mares.
Todos esos intereses que penetran, además, en la política, van permeando la conciencia local e internacional. Este fenómeno puede ameritar un análisis más profundo frente a los valores humanos, frente al poder de la persuasión de la corrupción y la conducta de los que, en esas aguas navegan con un rumbo equivocado. Se ha preguntado usted cuál ha sido el papel de la educación y de sus principios humanos. Se ha preguntado usted qué ocurre con los ciudadanos que tienen la responsabilidad de tomar decisiones. De allí que la sociedad debe, como un profesional de la cirugía, seleccionar a sus dirigentes en todos los niveles.
El autor es docente y exlegislador
