El Opus Dei se suma a la ola renovadora que impulsa dentro de la Iglesia el papa Francisco. Por primera vez en casi un siglo de existencia, la poderosa prelatura ha dejado abierta la puerta a la posibilidad de que su dirección sea ocupada por alguien que no haya trabajado, codo con codo, con Josemaría Escrivá de Balaguer, el fundador santificado, o que no haya nacido en España, donde están las raíces de una organización implantada en más de 60 países. Así se diseña la era post Escrivá en los tiempos de Jorge Mario Bergoglio.
En diciembre de 2014, el prelado Javier Echevarría, que a los 82 años es la máxima autoridad de la organización, nombró vicario auxiliar al francoespañol Fernando Ocáriz y vicario general al argentino Mariano Fazio. La decisión insinúa un orden sucesorio del que quedaría desplazado el influyente arzobispo peruano Juan Luis Cipriani y coloca a la prelatura ante un escenario inédito. En la dirección de la Obra, fundada en 1928, nunca habían convivido el prelado y un vicario auxiliar.
“Será un momento histórico”, describe un portavoz de la oficina de información del Opus. En la dirección de la organización se han sucedido hasta ahora tres españoles: el fundador; el beato Álvaro del Portillo, que fue su mano derecha durante 40 años; y Echevarría, que a su vez también fue colaborador de Balaguer durante más de 20. “Que llegue el momento en que el prelado no haya conocido ni trabajado con el fundador es algo natural y será una nueva muestra de la madurez de esta institución de la Iglesia”.
Los analistas han vivido el ascenso de Ocáriz (“un cargo es una carga”, matizan en el Opus) como un punto de inflexión en la trayectoria de la institución. También, como un guiño al Papa, que es jesuita, predica con verbo fresco, no siempre ha compartido las opiniones de Cipriani –excluido, por ahora, del núcleo ejecutivo–, y se tutea con su compatriota Fazio, el nuevo vicario general el Opus.
“Efectivamente, el papa Francisco está impulsando una fuerte renovación en la Iglesia”, dijo José María Gil Tamayo, secretario general de la Conferencia Episcopal. “No se trata de esperar a que vengan a la Iglesia sino de salir al encuentro de las personas y eso nos invita a renovar nuestra forma de trabajo pastoral”, siguió el portavoz, que añadió sobre el caso específico del Opus: “La renovación que se nos pide afecta a todos en la común misión evangelizadora en la que la especificidad de cada carisma de congregaciones, movimientos y asociaciones ha de ponerse al servicio de esa misión compartida bajo la guía de nuestros obispos. Solo estando unidos seremos creíbles, como apunta el Evangelio”.
La prelatura tiene unos 90 mil seguidores, distribuidos por más de 60 países. En su mayoría son laicos de clase acomodada con capacidad para influir en los despachos más importantes; dedicados al principio de “santificar el trabajo”; y siempre rodeados de críticos, algunos, exmiembros de la organización, que opinan que esta promueve el conservadurismo, limita las lecturas de sus integrantes y ejerce el proselitismo.