Somos una nación bendecida por Dios en su gente, la geografía, la naturaleza y tantas cosas, pero nuestra falta de equidad política, económica y social es causa de desigualdades entre nosotros que no se justifican y no son tampoco el resultado de metas perseguidas ni programas trazados, sino más bien de la falta de interés en que todos tengamos las oportunidades que merecemos, para que cada ciudadano tenga el éxito deseado dependiendo de su estudio, su trabajo, su talento y sus virtudes y sean estas cosas las que hagan la diferencia.
Por eso tenemos que aspirar a una sociedad con igualdad de oportunidades para todos, donde el nacido en la más humilde cuna pueda, gracias a su dedicación y habilidades, en una sociedad que se administre con justicia, llegar a ser respetado por su conocimiento, su buen juicio, sus contribuciones a la sociedad y a la nación y hasta por su riqueza bien habida.
Para hacer una sociedad más justa, más equitativa, con más oportunidades para todos y con el mayor bienestar común posible tenemos que plantear una reforma del Estado panameño, al menos en los siguientes aspectos inmediatos:
1. La administración de justicia. Esta es la piedra angular de una sociedad sana. Sin una buena administración de justicia, son fútiles los esfuerzos que se hagan por mejorar cualquier aspecto, pues siempre que se yerre perdurará el yerro sin corrección oportuna y así se irá contagiando lo imperfecto a todo el orden social, peor aun si la falta es producto de una voluntad consciente y mezquina movida por oscuras motivaciones; ni siquiera la educación puede evolucionar positivamente en una sociedad cuando falta la justicia, pues no se impartirá con la equidad que requieren todos los miembros de la sociedad. La justicia es la mayor de las virtudes a que puede aspirar una sociedad y el mejor de los instrumentos para que haya bienestar y paz, afirmación sostenida no solo por filósofos antiguos y modernos sino por estadistas, líderes religiosos y políticos de talla de todos los tiempos, y que en nuestra nación amada está por tierra.
2. Cuando se actúa fuera de las leyes, los procedimientos y la organización del Estado, la sociedad se desorienta y se propicia el sálvese quien pueda, ambiente ideal para la carencia de valores que hacen tierra abonada para la anarquía. Una institucionalidad respetable por su solidez es indispensable para que los ciudadanos nos sintamos seguros de nuestros emprendimientos y para que los aventureros con ánimo de despojo no puedan cometer fechorías.
3. Adquirir conciencia de ser miembros de una sociedad en que si practicamos la solidaridad y dejamos a un lado la mezquindad y el interés personal sin límites, nuestros hijos tendrán un porvenir con bienestar asegurado holgadamente.
Mientras hagamos estas reformas, tenemos que atender también los quehaceres socioeconómicos diarios, esto es, establecer las condiciones que permitan el fortalecimiento de nuestra economía, que no debe ser menos que aspirar a una economía de nación desarrollada.
Para esto tenemos que dedicar nuestra atención a lo que la naturaleza y la geografía nos han dado para aprovechar y que lo ha venido siendo limitadamente desde hace siglos, pero ha llegado el momento de hacerlo con mentalidad de pareja adulta y madura que quiere lo mejor para su hogar.
Solo por mencionar unas pocas alternativas reales que aguardan atención, en el campo marítimo y de la logística está casi todo por hacer aún.
Así, tenemos la posibilidad de desarrollar actividades de reparación, desguace y construcción de naves, de inspecciones de buques, de financiamiento de operaciones marítimas, de corretaje de fletes, de seguros de naves, carga y responsabilidad civil, de resolución alterna de litigios marítimos, de preparación y enganche de marinos –por nuestras aguas transitan más de 11 mil naves anuales y en la marina mercante panameña hay más de 5 mil adicionales- que podrían superar el medio millón de empleos, oportunidades que podemos compartir con naciones latinoamericanas que nos verán como aliados y respaldarán nuestras iniciativas en los organismos internacionales. Ni hablemos del transporte multimodal en este continente, para el que Panamá ya tiene preparación e infraestructura.
Ahora bien, estas tareas hay que hacerlas con conocimiento al menos elemental acerca de cómo funcionan estas actividades y sin la actitud de que somos lo máximo y podemos cobrar cuanto queramos en concepto de tasas, derechos o impuestos, y sin considerar que debemos mejorar la calidad de nuestros servicios que, tratándose de las instituciones públicas es, por decir lo menos, casi siempre pésima, reconociendo a la Autoridad del Canal de Panamá como un buen modelo, siempre perfectible.
Hay mucho por hacer, quien llegue a la presidencia en 2019 tendrá una tarea titánica por delante, pero ha de comenzar con propiciar los cambios para satisfacer las primeras tres necesidades, pues son las columnas sobre las que debe erigirse nuestro éxito; las siguientes dependerán de que las tres primeras estén medianamente adelantadas.
El autor es abogado