Somos la hija natural de un parto difícil, doloroso y traumático.
Somos una nación aluvional y laberíntica.
Somos heterogéneos, la diferencia nos caracteriza.
Somos muchos rostros en uno.
Somos una nación multicolor, pluricultural.
Somos la raza cósmica de José Vasconcelos.
Somos una esponja que recibe las aguas bautismales de diversas latitudes, aquí se licúan y surge una personalidad sumativa, con identidad propia: La nación panameña. El proceso creativo es permanente.
Somos tolerantes, receptivos a las innovaciones, somos cosmopolitas.
Somos una nación cinética, aquí el cambio es cotidiano.
Somos seres de decisiones instantáneas, del culto a lo inmediato, impulsivos.
Somos peculiares en tiempos de Noriega cerraron los bancos y sobrevivimos con astucia.
Somos efímeros, sin el sentido institucional. La improvisación es lo habitual. Se impone la hora panameña, llegamos tarde a todo, olvidamos que el tiempo es oro.
El juega vivo nos lleva a buscar lo fácil, al nunca acatar las leyes y burlarse del orden establecido.
La ganancia especulativa sin pudor es un modo de vida como los negociados de Odebrecht y el saqueo de los fondos públicos con contratos leoninos.
Somos del montón, pasamos agachados ante cualquier problema.
Somos adictos a la filosofía del azar, la lotería es nuestro Dorado. Sálvese quien pueda es la consigna.
Somos fiesteros, con cualquier excusa celebramos una rumba. Somos un país donde la farsa, la adulación y la ruin astucia impera.
Somos solidarios, desprendidos y generosos.
Somos extranjeros en nuestra propia tierra.
El autor es escritor