El 37% de nuestros 3.5 millones de habitantes vive en nuestro medio rural, 1 millón 295 mil, de los cuales 385 mil son indígenas de las diferentes etnias. En ese universo viven los que están en pobreza (25%) y pobreza extrema (11%) del total de la población nacional y dependen directamente del sector primario de nuestra economía, que solo aporta el 1.7% del producto interno bruto nacional (PIB) de $55 mil millones en 2017, con un crecimiento sostenido de 5.6% anual. Basado en el sector terciario (servicios, financieros, logísticos y comercio) en función de nuestra condición de país de tránsito y de conectividad: marítima, aérea y terrestre soportados por el Canal tradicional y ampliado.
En el Panamá rural existen 250 mil explotaciones agropecuarias aproximadamente, de ellas, 200 mil son menores de 10 hectáreas, con una superficie de 280 mil hectáreas, 70% de estas explotaciones las dirigen varones y las restantes 30%, mujeres, bajo el concepto de agricultura familiar campesina que promueve la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO) mundialmente.
Al analizar estas cifras macroeconómicas es cuando obtenemos el galardón del país más desigual de la región: por tener nuestro Canal y el hub logístico más grande de la región, somos: “un país rico, lleno de pobres”. El 31 de diciembre pasado cumplimos 18 años de administración nacional del Canal y ya lo ampliamos y en ese periodo ha aportado directamente a la caja del Estado más de $13 mil millones. De continuar con la proyección, en pocos años los ingresos anuales serán mayores de $2 mil millones, cantidad que a su vez será mayor que lo recibido en 100 años de la administración anterior (mil 980 millones de dólares).
¿Cómo resolver esta distorsión macroeconómica? ¿Seguirles “regalando los peces” a los pobres de Panamá o “les enseñamos a pescar” para que no sigan dependiendo de solo el 1.7% del PIB y sigan recibiendo las paternalistas trasferencias monetarias del Mides trimestralmente y del Ifarhu la beca universal? Es inconcebible premiar al alumno fracasado y también a los padres alcahuetes que hacen todo para cobrar la supuesta “beca” y nada para que el estudiante aprenda y reciba una formación hogareña. Estas transferencias monetarias, más los subsidios como: la electricidad, transporte, viviendas y tanque de gas de 25 libras (los pobres de la vecina Costa Rica lo pagan a $15, por eso el gran contrabando de aquí para allá) totalizan aproximadamente mil 400 millones de dólares, cantidad semejante a los ingresos del Canal al Estado anualmente. En la práctica, nos estamos comiendo la ganancia del negocio.
Considero que se debe revisar la negativa política paternalista de los subsidios y los ahorros que se logren se le asignen créditos extraordinarios a las instituciones del sector público agropecuario para que lleven tecnología amigable con la conservación del medio ambiente y crédito oportuno a todos los productores y habitantes de áreas rurales y comarcales, especialmente los que están en pobreza y pobreza extrema, con énfasis en los jóvenes campesinos e indígenas para que no emigren del campo a la ciudad y enfrentemos y disminuyamos la exagerada desigualdad económica de nuestro país.
Concluyo este artículo con un pasaje histórico que contaba mi tío Arturo Sucre Pereira, cuando a mediados de la década de 1970 ocupaba la Vicepresidencia de la República, en una reunión de análisis de la economía a fin de año. “El ministro de Planificación y Política Económica, Nicolás Ardito Barletta, expresó: ‘Hemos terminado el año con un buen crecimiento, elevando el PIB a mil 800 dólares per capita’, el general Omar Torrijos Herrera, jefe de Gobierno según la Constitución de 1972, se levantó de su hamaca y, aspirando su “puro” dijo: por favor Nicky, no repitas esa cifra nunca delante de los campesinos de Veraguas, Coclé, Azuero y de las demás provincias y los indígenas, porque nos van a pedir la parte de ellos: imagínate los que tienen hasta 10 hijos en escalera más los padres. Tú sabes y yo que esa cifra es abstracta y difícil de entender, la realidad de esos panameños es otra. Por eso hay que recuperar nuestra soberanía y el Canal”. El ingreso per capita anualmente supera los $15 mil, la reunión se realizó en el rancho de su sencilla casa de playa en Farallón.
Así pensaba el que el 7 de septiembre de 1977 firmó los tratados Torrijos-Carter, junto al ciudadano estadounidense y más amigo de nuestro país en la historia, el presidente Jimmy Carter.
El autor es exministro del MIDA, exlegislador de la República y consultor agropecuario
