Exclusivo
CREENCIAS

Pastoral urbana: religión y sociedad

En el contexto actual de la modernidad, cada vez me convenzo más de que los que se autodefinen como ateos, agnósticos o indiferentes se han convertido en verdaderos expositores de la religión. No tanto por la agudeza de sus críticas y los fundamentos filosóficos en los que algunos sustentan sus puntos de vista, sino más bien porque sus intervenciones parecen más exigencia a que los creyentes den un “testimonio de vida coherente” que argumentos contrarios de la religión en sí misma.

A los ateos modernos les preocupa la aleación entre Iglesia y Estado y el poder que de esto resulta. Desde principios de la modernidad han criticado el “oscurantismo” de las doctrinas religiosas que alínean las conciencias de los más débiles bajo la locuacidad de los que dicen poseer las llaves de un misterio.

Con sus intervenciones, muchos de los críticos de la religión se han vuelto aliados en la búsqueda de la verdadera religiosidad del hombre, religiosidad que va más allá de las prácticas devocionales que se han ido añadiendo a la verdadera búsqueda de la trascendencia. Si la religión es tema preferido de lo que un hombre escribe o habla, ¿no sería fácil dar un paso más y reconocerse como un ser religioso en sí mismo?

La modernidad ha traído consigo que el hombre confíe más en la materia, la razón, la evidencia científica que en las cosmovisiones religiosas que otros le quieren proponer como válidas. El hombre de nuestros días es descendiente de la libre determinación de escoger los caminos que quiera. Hay un auge saludable y plausible por indagar y profundizar la información que se recibe. El hombre ya nunca más ha vuelto a aceptar no ser tomado en cuenta en el simposio de ideas.

Los antiguos poderes que la religión ostentaba, más allá del ámbito de su propia comunidad de creyentes, los cuales adoptaron formas paralelas de dominio sobre los habitantes de los territorios bajo su jurisdicción fueron con algo de violencia reclamados y enajenados. Las religiones, al menos en occidente, ya no tuvieron la última palabra sobre el devenir de los asuntos civiles de las sociedades, sin embargo, los mismos principios que dieron origen al Estado otorgan voz y derecho a participar del diálogo a todos los miembros de la sociedad.

Los ciudadanos organizados en el Estado permiten el libre flujo de ideas, de principios y valores que aporten al bien de la comunidad. Una sociedad que respete sus principios fundacionales debería proteger tanto el derecho propio como el de otros cuyas ideas son contrarias.

En la situación actual de diálogo entre religión y el mundo contemporáneo es necesario reconocer que el aporte a la verdad que se hace desde las diferentes congregaciones religiosas se debe escuchar y admitir a la luz de la ciencia que igualmente pretende el bien del hombre. Y así, cuando cada uno aporta y reconoce la contribución inteligente y veraz del otro, se es testigo del surgimiento del prototipo de hombre pretendido, al menos, por el Dios cristiano desde siempre.

El autor es sacerdote católico.


Última Hora

  • 23:01 Trump modifica el esquema federal de vacunación infantil en Estados Unidos Leer más
  • 22:13 Jefe del Comando Sur visita el país en medio de los ejercicios Panamax 2026 Leer más
  • 22:10 Fallece Justiniano Cedeño, histórico lanzador del béisbol panameño Leer más
  • 19:54 Sporting San Miguelito sigue sin gol en el Torneo Apertura Leer más
  • 19:12 ¿Tienen benceno? Minsa analiza juguetes ‘Squishy’ tras alerta internacional Leer más
  • 19:11 Araujo es cedido al Liverpool por una temporada con una opción de compra  Leer más
  • 19:03 ¿Sismo, temblor o terremoto? Así se diferencian Leer más
  • 18:24 Valter Lavítola fue detenido en Italia por su participación en el atentado a un periodista Leer más
  • 18:19 Las impactantes imágenes de los destrozos causados por el potente terremoto que sacudió Colombia Leer más
  • 18:17 El árbitro somalí vetado por EE. UU.: ‘He trabajado muy duro para llegar hasta aquí’ Leer más