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INSTITUCIONALIDAD

Patas arriba

Este título originalmente pertenece a Eduardo Galeano, pero resulta sumamente ilustrativo a fin de entender la tragicomedia que fallidamente tratan de ocultar importantes miembros de la tripulación de la nave democrática panameña. Imposible poner en duda que la credibilidad en nuestro sistema de justicia traspasó los límites mínimos de aceptación general para un funcionamiento equitativo, imparcial, ecuánime y recto. Cierto que la infección es de vieja data, pero produjo septicemia recientemente. Y no es el único órgano contaminado. Se copiaron de la parodia de democracia que pulula en la Asamblea y que alimentan desde el Ejecutivo.

El hedor que siente la ciudadanía no desaparecerá por los intrincados caminos de la legalidad. Cuidado que el “debido proceso” lo deposita en el “baúl de los recuerdos”, como quieren hacer con los casos de “alto perfil”. Todavía la imaginación de los autores de este drama puede producir reformas legales llenas de confortables frases que estiren más la paciencia popular para extender un poco más su sobrevivencia, ya sea con las mismas caras o con caras nuevas. Lo intentarán en mayo de 2019. El voto ciudadano es el blanco de la estratagema. Poner hoy las “patas” en el suelo en la dirección correcta, ya no es solo cuestión de reformas modelo y “bien parecidas”, sino de personajes auténticos, dirigentes sensatos, honestos, comprometidos y serios, que con sus ojos y hechos, reiteradamente, conquisten a las masas para que se lancen con fuerza hacia la consecución efectiva del bien común. Quien desee el poder para otros propósitos, bajo ninguna circunstancia debemos favorecerlo con nuestro voto. Buscar quién tiene la razón, que si la procuradora o el presidente de la Corte, esquiva la causa real del problema. Los responsables del Ministerio Público y de la Corte Suprema de Justicia les están haciendo daño a la institucionalidad democrática y desprecian al pueblo, distanciando crecientemente la legítima aspiración popular de justicia y la confianza institucional, necesaria para que el país entre en la ruta del progreso irreversible. El actual gobierno no tiene interés en corregir esta desviación. No es primera vez que patrocina o admite estos comportamientos. En el pasado ha dado muestras de este malsano hábito. Reemplazar este gobierno, para enrumbar este país, es tarea urgente de los electores.

Esta perversidad constituye prueba notoria de que los problemas esenciales de Panamá y su gente solo empezarán a resolverse con la reconquista de los valores y principios sociales y políticos impulsados y practicados por un equipo gubernamental con luces largas, que no le tiemblen las piernas al enfrentar la adversidad y ponga la cara al viento para defender los intereses populares y nacionales, y se detenga con firmeza a los idólatras del capitalismo salvaje.

El autor es abogado


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