Los avances digitales nos permiten consulta instantánea de diccionarios y textos de cualquier materia, uso de cámaras panorámicas de alta precisión, realización de paseos virtuales por los grandes museos del mundo, conexiones con todos los continentes para admirar sus maravillas, interrelación con familiares, amigos, compañeros aunque estén muy lejos de nosotros, aplicaciones para realizar compras y gestiones, programar viajes, conseguir entradas para cualquier espectáculo: ponen el mundo a nuestro alcance a golpe de clic.
“La revolución digital”, en palabras de la periodista Tamara Montero, “es hoy tan profunda como lo fue en su día la invención de la rueda o de la imprenta; la tecnología informática ha cambiado de forma tan radical la organización social y económica de la sociedad, los gustos y costumbres de la gente, que podríamos decir que ha cambiado hasta nuestros cerebros”.
Si nos ceñimos al mundo juvenil, nos parecen muy adecuadas las reflexiones que hace el profesor Marina: “¿Para qué le sirve al joven poder acceder a los medios de información y comunicación que tiene a su alcance si luego no es capaz de entender una frase de más de 10 palabras, o de expresar el más elemental de sus pensamientos?”.
Según un estudio del Instituto de Investigación Social y de Mercado, la relación de los jóvenes con la tecnología informática es abrumadora. En el estudio, realizado con jóvenes de 15 a 35 años, el teléfono es el protagonista.
“Nunca antes”, escribe Srivastava, “de entre los aparatos tecnológicos, ninguno se había convertido en un utensilio tan importante en la vida diaria, tan determinante en la forma de ser y actuar de las personas, como el móvil”.
El móvil ha irrumpido en el panorama social y tecnológico de nuestro siglo XXI y se ha convertido en un elemento principal en las relaciones sociales y el ocio. La edad en que los jóvenes acceden al móvil es cada vez más precoz y la posibilidad de que se produzca una falta de responsabilidad y control en el uso y manejo de este aparato es alta y peligrosa.
El móvil, tras la ropa y el peinado, es percibido por los jóvenes como el tercer elemento de autoimagen, de autoafirmación, que emplean para definirse ante los demás. Un alto porcentaje es adicto al móvil y pasa cuatro horas al día pendiente de él.
La doctora López Torrecillas afirma que “la patología del teléfono móvil puede convertirse en una enfermedad con trastornos psicofisiológicos graves como alcohol o drogas: depresión, ansiedad, zumbidos en los oídos, pérdidas de audición, problemas digestivos. Además, los jóvenes-adolescentes pueden tener acceso a contenidos inadecuados para su edad.
Nos urge a padres, educadores, sociedad entera, transmitir a nuestros jóvenes una amplia y armónica educación para el correcto uso de las modernas tecnologías, especialmente del móvil.