Con cierta preocupación leo un amplio reportaje aparecido en el diario La Prensa, donde se hace una descripción sobre la situación del sistema IVM, tema ya trillado y el cual siempre se ha manejado políticamente y a ligera. Aún recuerdo los escenarios al inicio de la administración Endara, cuando hubo que hacer unas modificaciones, y las que posteriormente hizo el presidente Torrijos, ambas acompañadas de grandes protestas, donde ciertos grupos satanizaron las mismas, quizás sin mala intención y siendo manipulados por sectores ocultos acostumbrados a estar detrás del telón. Tontos útiles siempre hay.
Las pensiones nunca se han manejado imparcialmente, profesionalmente, rigurosamente, como se debe tratar un tema de Estado, que nos afecta y compete a todos los ciudadanos, muy por el contrario, el tema es rehuido por los políticos, pero finalmente decidido por esta inoperante y costosa casta, cediendo siempre a presiones, y lo que es peor, sin criterios científicos y claros, temiendo a un supuesto malentendido y falso costo político.
Nuestros políticos carecen absolutamente de creatividad, solo son capaces para la maleantería, ineficacia burocrática, entre otras malas praxis, en eso se ganan a nuestros vecinos, por eso la política está en un atolladero, por no entender que se puede mandar solo cuando se está en posesión de la razón. Recordemos que Hegel le dio al Estado funciones trascendentales, las cuales deben ejecutar los gobiernos, el cual, en vez de tener técnicos, humanistas, está regentado por políticos partidistas y burócratas obsoletos.
Lo anterior nos lleva a una pregunta: ¿Son realmente los políticos y la clase de burócratas que nombran en la administración, aptos para llevar a cabo la tarea primordial que se impone realizar en este quinquenio: modificar el sistema de invalidez, vejez y muerte, pero hacerlo de forma integral, tomar la medidas que sean necesarias, que cada cual se pague su pensión, y por qué no decirlo si la solidaridad no funciona, reformémosla, que el Minsa, haga su trabajo de regente de la salud pública, porque ahora mismo la CSS debe enfocarse en resolver a largo plazo la sostenibilidad del IVM, quizás para ello debe dejar de ser esa gigantesca e inoperante institución gubernamental, centrándose en para lo que realmente fue creada. Los médicos fueron en aquel entonces verdaderos enemigos de esta institución, de la que ahora muchos de ellos esquilman recursos, porque se les paga por un horario y trabajan si acaso la mitad.
Este tema debe tratarse sin dogmas, abiertamente, modificando lo que sea necesario, sin miedo e informando a la población, y si fuese necesario elevarlo a una con sulta popular, hacerlo de tal forma que no tengan cabida los tabúes. Todo absolutamente debe estar sujeto a revisión y cambios, sin cifras maquilladas, y como dijo el actual director de la CSS sin anuncios apocalípticos, eso sí con argumentos técnicos comprobables y no tiñéndolos con ideologías desfasadas.
El famoso “estado del bienestar” por haberse manejado políticamente, está en crisis de sostenibilidad, pero tampoco podemos dejar que ese gran tiburón que es la empresa privada sin controles sea el regente único del sistema de pensiones del país, porque ello traería también otros sinsabores, esto se tiene que regular muy bien. No podemos jugar a la improvisación porque es el futuro de la tercera edad lo que está en juego, y todos vamos hacia allá. La idea no es saltar de lo público a lo privado, la idea es apoyarnos en los principios de la administración privada, pero supervisada y regulada por el Estado, si no saldremos de los vicios actuales para entrar a los vaivenes del mercado, y obviamente eso no es lo que se quiere. El debate no debe centrarse entre lo público y lo privado, lo que hay que hacer es combinar y tomar de cada uno lo mejor y si hay una proporción correcta entre lo que hoy se cotiza y lo que posteriormente hay que pagar.
Los expertos hablan de cuatro grandes objetivos del sistema de pensiones: la universalización de la prestación, el mantenimiento del nivel de ingresos del individuo al llegar a su jubilación, la revalorización de las pensiones mínimas y cierto equilibrio entre ingresos y gastos. Pensemos y hagámosnos esta pregunta: ¿Esto se está dando y de darse cómo se está dando?
Ojalá que en este quinquenio se sienten al menos las bases requeridas para que las pensiones sean manejadas de forma segura y profesional, y no se cumplan las profecías de Malthus sobre el incremento de la población y sus nocivos efectos, porque todos los ciudadanos necesitamos tener la seguridad de recibir nuestra pensión al cese de nuestra vida laboral.
Lo que sí ha quedado evidenciado es que la actual estructura que administra el sistema IVM, como tal, independiente de las personas que la componen, no es apta desde hace más de 40 años para seguir administrando e invirtiendo los fondos que maneja, definitivamente hay que replantear la estructura, y quizás estos fondos deben ser manejados por una junta de síndicos público-privados, distantes totalmente de los cambios de administración cada lustro.
El autor es abogado y docente
