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GESTIóN PúBLICA

Planificación económica: RIP

Planificación económica: RIP
Planificación económica: RIP

Cursaba yo el último semestre en la Facultad de Economía, Universidad de Panamá (año 1971), cuando empecé a trabajar en el Departamento de Estadísticas de la Dirección de Planificación y Administración de la Presidencia, que en 1973, siendo director el Dr. Nicolás Ardito Barletta, fue elevada a la categoría de ministerio.

El Dr. Barletta se rodeó de los mejores profesionales de la economía y otras disciplinas como José Sokol, Héctor Alexander, Francisco Pancho Rodríguez, Reynaldo Decerega (q.e.p.d.), Abdiel Julio, Ana Hernández de Pittí y otros, no menos destacados, que sería largo enumerar. No éramos más de 130 funcionarios y quizás en materia de planificación se hacía tanto o más de lo que se percibe que se hace hoy, con 10 veces más empleados en dicha área; pero parece ser que la prioridad ahora es recaudar.

Pronto me transfirieron al Fondo de Preinversión, organismo adscrito a ese ministerio, financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el cual dirigí por cinco años, hasta 1984, cuando renuncié. El mismo estaba, ¿habrá desaparecido?, destinando a financiar estudios de factibilidad, planos y diseños de proyectos; estudios sectoriales, regionales y de mercado, y planes de desarrollo. Entre los proyectos cuyos estudios de factibilidad fueron financiados y evaluados por dicho organismo de 1972 a 1984, están, las autopistas Arraiján-La Chorrera y Panamá-Colón, puerto pesquero de Vacamonte, Saneamiento de la bahía de Panamá, hidroeléctrica Estrella-Los Valles, potabilizadora de Chilibre, Riego de Los Llanos de Coclé y El Salto en Boquete, Desarrollo del Atlántico. Además, con personal del ministerio se prepararon los diagnósticos de casi todos los sectores de la economía, la Estrategia Nacional de Desarrollo 1970-1980 y un plan de desarrollo. O sea, se cumplía el ciclo completo de la planificación: diagnóstico, estrategia, planes y proyectos.

Con la debacle de Manuel Antonio Noriega y paradójicamente con el advenimiento de la democracia, fueron progresivamente rezagando la planificación económica, al punto que en la administración Martinelli los proyectos surgieron de sobresaltos, salvo quizás en viabilidad urbana de la ciudad de Panamá, que contaba con estudios previos. En su gestión empezó la danza de millones, duplicando el presupuesto del período de Martín Torrijos, de 37 mil millones de dólares a 74 mil millones de dólares y la deuda pública, de casi 11 mil millones de dólares a unos 21 mil millones de dólares, incluyendo los proyectos llave en mano. En gran parte de estos hubo un único proponente, mismo que se encargaba de absolutamente todo (estudios, planos y diseños, financiamiento, construcción y hasta el mantenimiento de la obra por varios años).

De esa manera fueron surgiendo proyectos, necesarios, pero por lo general, con matices electoreros y obviando la consideración de las distintas opciones razonables y los estudios de las mismas como marco de referencia para tomar las mejores decisiones (principio básico en la asignación de recursos), entre estos, el Metro, la ciudad hospitalaria, Riegos de Tonosí, Renovación Urbana de Curundú, la Torre Financiera de 70 pisos (la pirámide del faraón Ricardo Martinelli), que afortunadamente no prosperó, gracias a las fuertes críticas de que fue objeto. ¡Vaya prioridad esa! Una política como esa y con abundancia de recursos, es muy riesgosa y propensa al despilfarro, lo cual se ha visto en varios casos objeto de investigación.

Dicho método parece haber variado ligeramente en la administración Varela, pero no lo suficiente. La danza de millones continúa, con un presupuesto para todo su período que superará los 100 mil millones de dólares y la deuda pública ya bordea los 25 mil millones de dólares, previéndose que en los próximos años el pago de la misma sobrepase los mil millones de dólares anuales. Por su parte, la Economía Nacional, que después del auge (boom) de 2006 a 2012 y la consecuente saturación de varios mercados, ha entrado en el ciclo natural o normal a la baja, presagia días muy distintos, que obviamente afectarán las finanzas públicas.

Esperemos que la próxima administración sea responsable en la asignación y administración de los recursos; que no sueñe con pirámides; que no piense en las próximas elecciones; que eleve a la categoría de prioridad uno la agenda social (educación, desnutrición infantil, salud preventiva, etc.), así como la institucionalidad y la administración de justicia, y que tenga presente que el que no planifica, improvisa, y que la velocidad es una mala compañía. Es preferible ser tortuga responsable y eficaz…, porque las liebres están tras las rejas. De lo contrario, que el país requiescat in pace (RIP).

El autor es economista.


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